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I t; Niírj 1: 1 seíjTiritliní ñ que vuestra m a m a viití- ilr- i institutriz, con la mejfir inttiicií jt del os han contado m á s ü c i v e y- cuenlccilo d l canario, p a r a enseñaros i n o T curius. s, fií cjuas ni desobedientes. iCónio ¿Dífcis QWe na? Me choca: pero en fin, v o y á repelJros el ctíciito del canario, a u u q n e sólo sea p a r a sacar d e él otra substaoL iaque la tjne stielcn sacar íiniencs le cuentan. P u e s Sfñnr, tstA era u n a n i ñ a un poquito fís jnna y í í Lu efífi íiosa que se llauiaíia T e r e í i l i L gUi Tbaii inncho los canarios, y su irinTuá le pftliietió comprarle uno si se pnVlahybitn. Cofríjnt -i nio, en efecto, se pün f bi ltl r ¡tarTn dijo su niatnáí- I í i w o y á salir p fa comprarle el canario, pnrqne bits pido buena. T ú te quedarás en esta liabiíación, V sobre lodo te c car ¡io que tcn mucho cuidado con e ia oajita que dfjo encima del velador, porque si la abres ó la t o c a í siquiera, puedes Uacerlt cuenta d e q u e c i c a uario n o es para ti. Se q u e d ó sola Tcrcsíla, m i r a n d o con j ran curiosidad la cafa que estaba encima del velad o n Era u n a cajita redonda, como la del manjXUJto que TeresitíJ. llevaba á paseo, Hn l: i lapa tenía unos a; íUJcros... y lo IUÍÍS maravilloso es q u e dentro d e la caja sonaba ruido, un ruídn cstraflü, así cüUio el que hacen los raloues pítr la n- iohe c u a n d o arafian con sus patitas el paviniento d e madera. i iial! Vo n 3 sü cónjo le J i ó á Teresíla aquella tcnLacjón lají fncrte de f a l t a r á laa órdenes q u e sn m a m á le había dado; pero la verdad es que primero empeció por acercarse á la caja con tAUto niiecio coujn sí dentro d e ella e. stnviese el tigre del Retiro... l Gto ¡quí un tijíTe n o Ciibe c- TJ una cajita chica, V lue o que también u UJamá le había dicho qne n ¿i debía ser miedosa ni liacef melindres y aspaviento; de susto íiin mulivD para ello, ¡Aquel ruido, aquel ruido era lo que á T e r e s i l a l e preocupaba! Mire ufited. si la c: ija n o hubiese hecho m i d o lia- sta es muy posible o u e la n i ñ a no hubiera desobedecido a su mamá; pero jpón jase usted en el caso d e Teresíta y á ver si n o ha íí usted ú que Inzo ellaí Quc qué hjío? Ya os lo habéis figurado. Abrió bonitamente la Cnija, y sat Q n é diríís que salió? N a t u ralmente, salió un canarií preeioso, pítorreandn y t n u a n d o de gusto al ver. se en libertad, r r i r a e r o se posó eo u n a consola: después en el a p a r a t o d e 1 X 17. i- lüclnca que pendía del techo. y p o r fin, víetido entreabierto el cristal del balctin. se laryó á l a c a He tan c a m p a n t e sin q n e T e r e s i l a pudiera detenerle con raigones ni con sú ilica V cuando la pobrctina rompía i llorar con ej m a y o r desconsuelo, apareció su ujamá. q u e estaba escondida en la Imbitaciriu inmediata viendo lodo lo q u e sucedía, y echó á la pobre n i ñ a una reprimenda cniím para ella sola, y h a s t a h a v rjUiCTl íisi: i; ura que la dio u n o s a otitos pur dc obcfjiente y y) or curiosa, ¿V vosotriks. uiüns y niñas d e mí alma, creéis ip 3 e la m a m á d c T e r e s i t a hiKo bien, v q u e aquella n i ñ a era mity m a l a y mcTeeía tal No lo creáis, no, a u n q u e os lo dií an, poniéndose muy serias y foscas, vuestra m a m á y vuestra ínstitutriií. No hi o bien Teresita en desobedecer á su ni. imá, pero tampoco h i í o bien su mamil en dejar á la niña á solas con u n a caja que tenía un pájaro dentro: porque e. s m a l o ceder á la teniaciáu, pero es peor a ú n exponer al inocente ¿que cai a en ella; y esa no es m a n e r a d e educar niños.