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í í 4 léK f v ¡Ah! ¿Qué dices? ¿No puedes amarme? jCruel, cruel! Pues ¿para qué me diste la vida? Toma- -continuó con ademán desesperado, -toma, llévate el corazón, porque sin ti morirá entre atroces tormentos; sí, tómale y llévatele- -y se descubría el pecho en arranque apasionado y delirante. Ella pensó que acaso fuera un bien extirpar tal viscera de aquel ardiente y dolorido pecho. Con leve soplo adormeció al guerrero, y con maña de hada le extrajo el corazón, volviendo por arte mágico á cerrar la herida y dejando el busto ileso y limpio de toda mancha. Terminada su breve é insólita tarea, pues todo fué cosa de segundos, se lanzó el hada al espacio con su extraña y palpitante presa. Paróse luego y púsose á contemplar la entraña humana con curiosidad y algo de risa, y con movimiento graciosísimo y coquetón colocó el corazón sobre su pecho, como si fuera dije ó jo -a! ira y preciosa. Siguió mi hadita sin interrupción su inacabable sporí, cuándo en el ambiente de un sol, cuándo en el de un planeta; otras veces sirviéndole de vehículo la, cabellera de un cometa ó impulsada por fugaz meteoro. Y así pasó algún tiempo (meses de nuestra medida terrestre) sin acordarse del pobre guerrero que descorazonado había y que olvidado quedaba en la tierra.