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COSA. IKLTJTII Y CXJJ 5.IO SÍL Ii! í ¡ucriJo Mc itóii González: Q A B R Á S que Rufa Perejilez, la cocinera que tiene el honor de saltearme los ríñones y freirme los se sos, recibió h a pocos días una carta de su hermana de leche Pura, la jueza municipala de Valdecalostros, anunciándola su próximo alumbramiento y rogándola que, para cuando llegue el caso de bautizar á lo que nazca, la remita una lista de nombres escogidos, á fin de colocar uno de ellos á la criatura. Todo esto, como ves, ofrece poco de particular. Cualquier mortal, sean los que sean sus ideales políticos, puede tener fuera de sí, vamos, ausente de su lado, una hermana Pura capaz de multiplicarse; y asimismo está muy en lo posible que la tal pida nombres para aplicar después al reciennacido el que le dé la real gana. Lo que sí ofrece positiva particularidad, y por eso te lo cuento, es la forma en que la reina de mi fogón h a tenido á bien enviar ayer á la hermanita de Valdecalostros los cuarenta y cuatro nombres que se le ocurrieron, forma extraña únicamente debida á la defectuosa manera de escribir que ssa la condenada Rufa para comunicarse con sus semejantes y con los militares sin graduación. ¿Quieres que yo te escriba esos nombres? -la pregunté, guiado por el mejor deseo. -No se moleste usted, señorito- -me contestó, -pues yo misma los he escrito ya. ¡Ah! ¿Luego no eres analfabeta? s i f c r J: T, -V. M ifi -No, señor; soy murciana. ¿Conoces la ortografía? -Aquí apenas conozco á nadie. -Pues si quieres que yo te ponga los puntos. -Bueno, mujer. Vaya el esc r i t o c o m o quiera. ¿Y qué nombres son los que envías? -seguí preguntando á la Rufa. -Léalos usted en este papel, señorito- -me respondió extrayéndose del s e n o una hoja doblada y casi humeante. -Cuarenta y cuatro van justicos y cabales. Pasé mi vista, corta pero honrada, por el papelito, y vi que éste decía lo siguiente: BARTOLO M E D A R Í A V CARRO. SACARLO SIN ESCAROLA. BLASONO FRESAL Ó M E LEO N O R M A CARIAJORGEVIT AL GALOPE PAGA VINO Y SIDRA. SI MONTO MÁS MONIC A C O S M E C R U Z O AL VER TOMAR T I N T A D E OJO S E C ü RRO. N I COME D E S M I G U E L. D E L APIO, N I CASI ORO QUEDA, N I E L DOLOR ES GAS. PARAMOS EN GRACIA. I R E N E L INODORO T E AMARGA. RITA. V rásí. A uc íj Al pronto me pareció esto una disparatada sarta de incongruencias ininteligible é inaguantable. E s m á s creí que la Rufa se había equivocado de papel al enseñármele. Pero tanto insistió en asegurarme que aquello era la verdadera lista grande de los cuarenta y ctiatro nombres elegidos, que lo leí detenidamente y vi que, en efecto, tenía razón Y en uso de mi perfecto deischo, ¡oh Melitón amigo! lo p o n g o e n t u conocimiento como cosa curiosa, aunque inútil, d e s e á n d o t e al propio tiempo cabal salud y buen tumor. J U A N P É R E Z ZÚÑIGA