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halta m f f o Z S t r tranquilo- dijo D, Lope, -que á no ser que los fantasmas se vinieran hasta mi, no pienso hacer armas; y caso de llegar a este extremo, más dócilmente ha de servirme mi espada de Sierra Bermeja que todos los arcabuces juntos sciviime mi Fuese con esto el provisor y quedó solo el caballero. AÍlá en el fondo de la medrosa estancia donde se veían hacinados hacheros rotos cajones desquiciados y tenebrarios, oíase el chillar de las ratas niez cía de zumbido de lechuza y pío de pájaro, pero nada más; en el fondo del templo veíanse las anchis ff 7 i T T -y 1 y 1 Cristos en cruz colgados de las negras coluro as y todo aquello ibase perdiendo en la sombra hacia la entrada al pórtico, donde todo estabaén tinieblas. Solo a h, frente al lecho, veíanse las dos hornacinas con los sepulcros y la e. statna vtcente de IZ ri T í T y teniendo entre ambas manos enibro ñe oraciones de n, f L d terramiento, una lampara proyectaba su luz en forma de abanico á lo largo de la pared lanzando místenosos resp andores, que resbalaban sobre el sarcófago y la escultura y lanzando cWsporroteos, que sonaban tristemente en el silencio aquél lanzanuo cnis D. Lope hizo la señal de la cruz y se metió en su lecho, no sin asegurarse de que el arcabuz v la espada seguían allí; después intentó dormirse; pero allá en lo alto oyó un ruido extraño! parecido l l tntoLel l. tZ T T monasterio, que anunciaba la m e T a noche ntonces y entre la modorra del sueno, vio una gran raya blanquecina que se proyectaba frente á él í i r, T. 71 P r P? TM atisbando por entre los balaustres y quedándose con la r irada í t n r iH- le P ó que ésta movía los codos y trataba de incorporarse, o y e n d T a d e 1 las sordos golpes en el fondo de la nave y algo así como gritos ahogados y estremecimientos como le un animal que se rascara junto á él, y miró al arcabuz v á la espada, y quiso levantarse pero nC lf, trTT P lano. Su. s labios se negaban á recitar las oraciones, v se uedó parahzado por e t e n o r Entonces se arrepintió de su apuesta exótica, pero ya no había remedio. De repente cayó algo coMS n! perdfó foTsenlidoT P P y r. 2: rX oTel 7: í por las altas lumbrerecidos vuelven á sus tumbas, pero la mano del muerto seguía pesando sobre él. la luz penetro poco á poco en la estancia, y entonces el caballero pudo ver sobre su pecho una cosa redonda v blanca; lanzó un rugido y se incorporó, y la cosa blanca saltó también. lira un enorme gato que se desperezaba tranquilamente, arqueando el lomo v alzando los bigotes, mientras el caballero requería la memorable espada y se lanzaba en su persecución. Y así estuvieron largo rato, liu 3- cndo el animal v persiguiéndole el caballero, hasta que éste, fuera de sí v aprovechando un salto del duende, le tiró una e. stocada que hirió solamente el yeso del muro, rompiéndose el acero por la mitad. y r r Tr -f wVH; i. Ved de qué modo la espada que se nielió en la batalla de Sierra Bermeja vino á quebrarse contra una pared, persiguiendo al gato de un monasterio. LEOPOLDO LÓPEZ DE SÁA D í ñ e o s I E DOMINGO Mr. XOZ