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De sus corceles con! os cascos de oro removiendo la nieve, mientras la luna por el cielo sube, trasponen el alcor los Santos Royos. Las sendas se han borrado, y cautelosos á paso lento avanzan; seguidos van de numerosos siervos y de camellos con preciosas cargas. En las bordadas ropas cabrillean las piedras orientales. Los tres IMagos caminan en silencio; do los tres, el más viejo va dolante. Su pecho velan de la luenga barba los plateados hilos, y á modo do joyel, en su turbante prendió una estrella de azulado brillo. Ta dcfícubren la aldea; ya cantaron los gallos á lo lejos; ya rozan en su marcha silenciosa el musgoso tapial del cementerio. A la luz do la luna se destaca, junto á la humilde verja, una figura envuelta en blanco lienzo, y una voz de mujer así les ruega: -No olvidéis, por piedad, sonoros Reyes, á los niños sin madre; buscad al mío; se durmió esperando con la frente pegada á los cristales... De los tres el más viejo la responde; -Mujer, en mi confía. -Los coreólos galopan, y en la bruma se pierde la brillante comitiva. Por la postrera vez los gallos cantan cuando torna el anciano; on el arzón de la dorada silla al niño trae cubierto con su manto. De la mujer en brazos deja a, l niño, que sonríe durmiendo, y así la dice: -Le encontré soñando, y es mi destino realizar ensueños. Que estaba entre los brazos de su madre creía el inocente... ¡Pobre mujer, en tu tranquila fosa hazle sitio; no temas que despiertel RICARDO DIBUJO DE MÉNDEZ BKINr. GIL fe. rí ¿5 9