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CASTILLO D E SAKA KN BELLE ISLE, EN MER SARA BERNHARDT EN SU RETIRO DE BELLE ISLE, EN MER 1 NTERESANTE es siempre la vida del cómico; dig- na de atención y de estudio por parte de psicólogos y escritores la personalidad de esos individuos en quienes lian ido sucesivamente encarnando tantas otras personalidades trágicas ó cómicas, históricas ó insignificantes. En esto se parecen los actores y los políticos, en que siis espíritus han de moldearse constantemente según circunstancias ajenas á su voluntad. La flexibilidad del político y la del actor, lejos de argüir ligereza ó inconsistencia, lo que prueban es precisamente fortaleza y energía de constitución: su vida es la- vida intensa que un gran político y también un poco actor, el honorable Sr. Teodoro Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, preconiza en un libro famoso. Para ser una actriz como Sara Bernhardt no basta tener un genio extraordinario. Es preciso además hallarse en posesión de un temperamento como el de ella, de una contextura física y moral á prueba de bomba, cual se dice vulgarmente. Sara Bernhardt ha pasado ya el terrible cabo de los sesenta años, edad de prueba para todas las mujeres del mundo, y de la cual solamente una Ninon de llénelos Kudo salir victoriosa. Y sin embargo, Sara es hoj- la de siempre, la misma privilegiada criatura enérgica, animosa y eternamente joven que desde hace más de cuarenta años ha sacudido los nervios de todos los públicos de Europa y América. Como si el tiempo no pasase para ella, Sara prosigue su vida de una actividad extraordinaria, material y espiritual, y hasta en su retiro de Belle Isle en Mer, cuyas fotografías ilustran esta página, apenas se da punto de reposo durante los cortos días que descansa de sua campañas teatrales. Grandes caminatas á pie, largas partidas de lawn tennis, y hasta ejercicios y pruebas de voz semejantes á los SARA EN EL COMEDOR DEL CASTILLO