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COPLAS Y REFRANES DE ENERO BUKDANTE en refranes y coplas, según atestigua el maestro Rodríguez Marín en su precioso libro Los refranes del Almanaque, es el nies de F, nero, Hies que huele á esperanza y que ha dado no poco que hacer á poetas y enamorados. De ese librito, que es breviario de la poesía y del saber popular, tontamente llamados folk- lore, sacamos unos cuantos refranes y versos curiosos. En Enero- -áic. fi el villano- -caíafe, compañero... y da imelta al gallinero. Sabia y prudente reflexión de un filósofo positivista que probablemente viviría en algún cortijo de la Sierra Morena ó de la Nevada y echaba de menos el calor de la compañera al comenzar el año. Para ese simpático pensador la mujer es un abrigo y su bienhechora calidez debe ser principio de orden en la casa. Hay que dar vuelta al gallinero, porque ya advierte otro refrán, no míenos profundo, que del pollo de Enero eada plzancí vale 7. ni dinero. Otro villano, que ya no piensa en amores porque está viejo y desengañado y sabe tanto como sabía Ouevedo de nuijere s y gallinas, exclama, reduciendo á la más mínima expresión sus aspiraciones: -En Enero, un ralo al sol y otro al Jiumero. No se puede pedir menos, v bien se ve que en la tierra de Séneca es inútil querer cultivar el jardín de Epicuro. Toda la alegría del vivir preconizada en los tiempos modernos por el honorable Sir John lAibbock, todo el contemptus mundi celebrado en los tiempos medios por los más rollizos frailes Jerónimos, los reduce el viejo villano español al placer de tomar el sol un rato y, cuando el sol se va, sentarse en el poyo al amor de la lumbre y dejarse ahumar la piel bajo los ya ahumados y colgantes trofeos de negras morcillas 5 de rojos embuchados. Otro refrán nos mue. stra en cinco palabras sólo, todo el espíritu satírico que hierve en nuestra novela picaresca. Ko es posible decir nada más expresivo que esto: -Don Juart, ¿en Enero tafetán? Parece que se está viendo al infanzón tronado que pasea su bigote de ganchos sobre la valona de encajes y ésta sobre su ju. stillo de seda, porque, maguer su orgullo, no ha tenido para hacerse ropa de abrigo. Ese Donjuán que tirita con dignidad tan soberana, es el eterno hidalgo español y aun quizás el representante de todas las vejeces patrias, no por venerandas menos ridiculas. No hay que decir la cantidad de refranes meteorológicos y agrícolas que al mes de Enero se refieren: son demasiados para citarlos en montón. No obstante, hay dos tan bellos, que no son para olvidarlos. En Enero flores, en Mayo dolores, que denota lo poco que debe fiarse en la precocidad de la Naturaleza como en la de los hombres, pues adelantarse las flores tanto que salgan en el primer mes del año, siempre será señal de poco fruto. Otro lindo refrán agrícola dice: -El harhedw de Enero hace ásu amo caballero; y si es de antes, hasta con gttantes; donde se ve que la previsión y la oportunidad son las principales fuentes de la riqueza, lo mismo en agricultura que en otros asuntos ó eferas de la aplicación fuimana, como dicen los señores del Senado. Confirmada por otro estilo, aparece esta verdad metafísica, no ya sólo con aplicación á la agricultura, sino también con respecto á cosas más graves, en e. sta seguidilla popular. i Diciembre y Enero pasan sin frío. Citando vie 7i e Febrero se hiela el río. Sieinpre así pasa: viene too con más f iría si se retrasa. La luna de Enero h a i n s p i r a d o á los cantores populares españoles muchos años y aun siglos antes que pensaran en nacer los poetas modernistas y que se cantase el célebre ritornelo AM clair de la- hme, mon ami Pierrot... Vayan, para probarlo y para concluir, tres coplas popularísimas que, por la delicadeza del sentimiento y la gracia un poco frágil de la expresión, hubieran arrebatado de entusiasmo á Verlaine: Tengo yo comparado, niña, tu rostro, con la htna de Enero y el sol de Agosto. Con la. htna de Enero te he comparado, qite es la lu 7i a más clara de todo el año. No hay lunita más clara qu- e la de Enero... ni ainores más queridos que los primaros.