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i í e LA CALUMNIA CUENTO VI r: j O S í 5 fí El Moro era un lebrel de pura raza, con tipo de mastín, cara ele lobo, d e mirada terrible y un geniazo de todos los demonios. í p e s a r de su aspecto, era bueno en el fondo: nunca con los colmillos hizo el menor destrozo, y á la v e z que los p e r r o s le temían y esquivaban encuentros con el Wloro los h o m b r e s le probaban su cariño con halagos, mendrugos y despojos. Pero había un gitano, cañi puro, á quien el perro profesaba un odio tremendo, ine; plicable, y al cual, un día y otro, siempre que lo veía le ladraba furioso. El gitano, harto ya de que el Mori ro le diera tales p r u e b a s de su encono. con temor, pero lleno de córale, le dijo de e s t e modo: ¡Cámara! Como ziga eza faena me vi á gorvé loco, y te v a s á morí d una calurnia que te vi á inventa, ¡so escandaloso! I o entendiendo palabra del discurso el perro- -como es lógico- -siguió ladrando con mayor esírépiío, sin tregua ni reposo. E n t o n c e s el gitano armó el gran alboroto y ejíclamó, dando gritos: ¡Que me muerde, zocorroü ¡ft ve quien le da un górpeü ¡if 4o s a c e r q u e n ostés, que está rabioso! Para qué dijo tal! Al cuarto d e hora le habían atizado entre unos y otros tal cantidad de palos y p e d r a d a s que murió destrozado el pobre Moro b a calumnia hace estragos en el mundo. Dios nos libre de un falso testimonio! E. bÓPEZ- MA- RÍN L