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tjue ejercen su derecho de C- a desde el público ó la prensa. Pueden engañarse por error, pero no engañan por mal querer, ni antojos, ni pasión insana. Quieren la justicia serena, porque sólo con ella se logra y mantiene la autoridad. Hay que enmendarse. Al acabar el año acaban los vicios viejos. Hay que sacudir la pereza, obstáculo de la perfección, y desechar la soberbia, señuelo de ofuscaciones, sombras negras del artista, que siendo sus camaradas inseparables, son los verdaderos enemigos de su fama. ¡Vida nueva, vida de trabajo, vida de estudio! E L RICO DESOCUPADO ¡Año nuevo, vida nueva! Esta no puede seguir agí. Me levanto á las doce, cuando la legión trabajadora se pone á comer, después de haberse ganado medio jornal. Almuerzo á las dos, desganado y sin el placer de la mesa. Paseo por el Retiro, paseo por la Castellana, paseo por los salones. Me visto otra vez, la tercera en el día. Como á las nueve. Llego tarde al teatro, llego tarde á la soirée de H. y ílego muy tarde á casa. No hago nada y me falta tiempo para todo. No trabajo, no pienso sino en mí mismo, y mi vida va pasándose sin sentirla, como en un baño tibio, sin variar de sensaciones, sin frío ni calor. Cierto que no necesito trabgjar para lo M presente, ni tengo qué temer para lo porvenir. Soy lo bcistante rico para vivir bien y no morir pobre. ¿Pero quién está asegurado de mudanzas y caprichos de la fortuna? Y aun estándolo, ¿por qué no he de ser útil á mis semejantes. ¿Por qué vivir y morir sin dejar rastro ni memoria de mi existencia, como vive y muere la ñor d e adorno, produciendo á lo más otra flor con los mismos colores y el mismo aroma en el mism. o pedazo de tierra? jVida nueva! Trabajo, seriedad y utilidad. EL OBRERO ¡Año nuevo, vida nueva! La rutina nos enerva en esta España, donde las generaciones jóvenes parece que no han nacido todavía, sino que siguen viviendo la vida de sus antepasados por transmigración del alma y transfusión de la sangre, Hacemos lo que ellos hicieron, sin ver que en otras partes se hacen otras cosas. Si trabajo en el campo, labro la tierra, siembro los cereales, cultivo la. vid, elaboro el vino y el acei te y crío el ganado, como labraron, sembraron, cultivaron y criaron mis padres y antes mis abueloSL Cobro poco más jornal que ellos, y vivo en la misma miseria que ellos. Con la última peseta acaba el último día de la semana, y empiezo la siguiente, y vuelta á concluirlas y á comenzarlas, sin esperanza de llegar á Un descanso seguro en las tristes semanas de la vejez. Si trabajo en los talleres, sufro la codicia de los patronos y la soberbia ó la indiferencia del poder público con la resignación de los antiguos siervos, sin considerar que el que fué rebaño trabajador destinado á criar y producir para los demás, va redimiéndose y transformándose en cuerpo vivo é inteligente, dueño de sus manos y sus actos por virtudes de la instrucción, de la asociación y la perseverancia. Y trabaje en el taller ó en el campo, no preveo que el trabajo faltará en faltando la fuerza; y entonces, ó la limosna ó el delito. H a y que exprimir la juventud en provecho de la vejez. Hay que trabajar ahora como dos y gastar como uno, para vivir luego siquiera como medio con el ahorro sustraído á la imprevisión y quizá al vicio. ¡Vida nueva! Trabajo, instrucción, ahorro, que en ellos están nuestro progreso y nuestra uerza.