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bicrras de esmeralda M a s por uno sólo sentía Clanana especial predilección, y pasaba muchos ratos del día abrazada á él, con d fin de poner á prueba su maravillosa virtud. Era un gran sapo de porcelana verde, grave, autorizado, majestuoso, casi casi pedantesco. Su piel era lustrosa, lene y fria como la de los sapos de veras. Repantigaba su enorme vientre sobre el pedestal, de parrancando cuanto podía las patas, y parecía aspirar el fuerte perfume de las calas, ique emergían del estanque y tendían hacia ¿1 sus amarillos espádices olorosos y sus grandes corolas blancas. Si Clariana hubiese caído en la cuenta, no habría dejado de comprender tjue aquel animalucho venía S ser la representación simbólica del egoí mo, P e r o Clariana, que sabia todas las ciencias de Bizancio. ignoraba esto, y cada vez con más fe y con más candoroso entusiasmo abrazaba al monstruo verde, procurando focarle siempre el punto donde los sapos lícnen el misterioso diamante recóndito. D e donde como csconsiguiente, sucedió que vino Clariana ¿quedar desamorada para toda su vida. 0 0 S Y al quedar desamorada, perdió aún el dulce recuerdo de las buenas religiosas que la criaron y educaron, y al desarraigarse de su pecho hasta aquel sencillo y apacible amor, la íigura de Clariana fue empalideciéndose y clarificándose mucho más que hasta entonces lo había estado. P o r bajo de su fijísimo cutis se veían correr los hilos de la sangre, que ya no era de color de zafiro, sino más clara, mucho más clara, de color d e turquesa, porque aquella sangre ya no alimentaba afectos humanos, Y Clariana, que no podig querer á los hombres, amó las flores raras y los animalículos extraños. Y en su camarín, vestido de sedas orjcnlaíes, se amontonaban las modestas clemálidas y las altivas anémonas, y junto á las saxífragas y hortensias, las flores de la hierba húmeda, los blancos asfódelos, flores sin hoja, y los cálices nivosos de las ninfeas. M á s tarde, al amor de las flores peregrinas sucedió en su corazón el de las joyas, y después el de las sedas, y por último el de los mosaicos; y Clariana, como tenía la sangre cada vez más clara y el cora ón cada vez más frió, vivió muchos, muchos años. -quizás viva todavía en su palacio de encantamento, adorando al gran sapo verde. Pero lo que la leyenda se calla es que Clariana no fué feÜz en su vida, y esa es la única y la mejor enseñanza que del cuento se puede y se debe desprender, Y no fué feliz Clariana por una razón en la que no dieron los sabios bizantinos: porque ie faltó la ciencia del amor, que no le habían enseñado las religiosas de Salum y que ella no quiso aprender en el mundo, y fallándole el amor, la sangre que antes fué roja se ie trocó en azul de zafiro, y de azul d e zafiro en azul de turquesa, y de azul de turquesa en blanca, y Ja sang r e blanca podrá hacer seres inmortales pero no seres felices. Y ésta es la ejemplar leyenda de Clariana la desamorada y Dio o IÍT. b r c amadas lectoras mias, de tropezar en este mundo con el diamante que el sapo verde tiene en la parte de atrás de la cabeza, aun cuando sabios muy tontos quieran explicaros que el diamante se llama -periencia y al sapo verde desengaño, U FflANcis D E MASCL std 4i o r k n í a í d se vmonranibtn,