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Clariana penetró en c) palacio como si conociíra iodos sus aposentos y rincones. Servidores mudos y oficiosos y íindas y listísimas Jouccílaa apresuráronse ú recibirla. CJariana, que estaba Faiigadisima, llegó ú un aposento, que sin duda era cl suyo, y se dejó caer en un diván. Las solicitas doncellas la desnudaron, la lavaron, la perfumaron, la pcJnaron, a vistieron hol ada y suntuosa túnica d la oriental, realzada con ricos broches de ataujía delicadisima c n t i c cuyas filigranas se veía brilJar piedras preciosas de valor incalculable. Ni nguno de aquellos inesperados acacdmicnlos pareció sorprender á Clariana, que era de esos seres superiores y casi perfectos á quienes suceso afguno c o g í de nuevas. N o obstante, al descaízarla una de las doncellas, Clariana sintió dolor agudo en eí pie izquierdo. El blanco 7 aíatito picudo que le calcaron las religiosas de Salum, con tanto caminar se había r o t o y la d e rcadisima p l a n t a de Clariana estaba herida. Entonces comprendió por que la habían reconocido como dueña y señora del paíad o M i r ó al suelo y vió cJ rastro de sangre que íus pasos dejaran. Y la sangre no ern roja, sino azul, de color de zafiro. 9 f E l palacio de Clariana era una mansión de e n c a n t a m i e n t o A l l e n d e los mármoles y los jaspes, ios oros y los bronces, los nácares y las m a d e r a s finas, los esmaltados aliceres y los bordados tapices, iodo el estaba jlcno de amuletos á cual más p r e c i o sos y eficaces; pero de ellos, los que más fucrc m c n f e impresionaban y seducían á Clariana, eran una numerosísima y lucida colección de sapos de todos los t a m a ñ o s formas y colores, que poblaban Todas las cua, y pj 9 ati 3 m u d i i 3 i Taro dras, sabs y aposentos. Nadie ignora que el sapo es un animal benéfico y amigo del hombre, y que su presencia é inmixtión en nuestros asuntos debe diputarse por agüero excelentísimo. T a l virtud débese á la cualidad que poseen esos animalitos de llevar un diamante oculto entre los sesos, p o r la parte trasera del cráneo. Quien hallándose en estado de perfecta inocencia toca el diamante consabido, gozara en toda su vida la fortuna mas inestimable de todas: la de no verse jamás sujeto á las tristezas y malandanzas que cl implacable amor acarrea á los mortaless Clariana que, como buena teóloga bizantina, conocía este curioso pormejior, como sabía otras muchísimas cosas, no pudo r e p r i m i r su contento al verse rodeada de tan gratos y simpáticos b i chos, y se recreaba grandemente en contemplarlos, porque aun cuando era muy refinada en sus gustos, no le dJó nunca por los remilgos y melindres que en nuestros días hacen á ciertas señoritingas apartarse de Jos pequeños y dulces animalitos de Dios para caer quizas en manos de otros animales peoresHabía, pues, en el palacio sapos, sapitos y sapazos de todas las formas y materias: loa había de bronce esmaltado de madera esculpida y barnizada con laca peregrinas del obscuro país de Zipango, de tierra verde cocida al horno, de oro repujado, con los ojos de rubíes y las ancas cu-