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ponerse en cobro como reunirse con el fugitivo, cayéramos en las garras de los que aasta ei presente, y Dios por ello sea ensalzado, no tienen noticia de nuestra superchería. ¿V si yo os dijera- -añadió con socarronería el ventero- -que antes supe curarme en saludí- ¿Cómo? -Delatando yo mismo al judaizante. ¿Pudisteis cometer tai vileza? -Aunque lo merecía el que por lo visto no se fió de mí, no hice tal, sino j u g a r con cartas marcadas. j a J í i i- -í! y -No os comprendo, por vida de todos los santos á que os encomendáis á cada hora, no creyendo en ellos más que el hidalgo portugués. -Pues es muy sencillo: la ventura trajo esta tarde á mi casa á un titiritero, que, á falta de cosa mejor, bien puede servir de presa á la justicia. Allí le tengo seguro, anadió el maese señalando el pajar; y mientras prueba su inocencia y que no es quien se supone, el verdadero pájaro habrá tenido tiempo de tender el vuelo, no digo á Flandes, sino al fin de la tierra. III Cuando media hora más tarde, libre ya la venta de los falsos cuadrilleros, entraban en ella otros de mejor ley y no tan hechizos, el posadero abrió con aire de triunfo la puerta de un camaranchón para que pasaran los esbirros. Pero ¡oh decepción y decepción de las más horribles! Allí donde creía tener escondido su tesoro el redomado posadero, no había nada, absolutamente nada. Es decir, había algo. Ese algo era una cuerda atada á una ventana señalando el sitio por donde el fingido titiritero había huido, y aún otra cosa de más valor y de no merios elocuencia. Sobre una bolsa no mal repleta de cruzados portugueses se veía un papel que decía así: í i bien hice en no descubrirme á usarcé por temor á que sin querer me vendiera, mal haría en no pa ar el servicio que sin saberlo me prestáis. El Dios que sacó á su pueblo de la cautividad de Babilonia, os saque de donde á mi pesar os dejo. Y excusado es decir que todo fué á dar en poder de la Santa, excepción hecha por de contado de la bolsa y los cruzados que contenía, circunstancia á la que hay que atribuir el que á falta del portugués, que tranquilamente fué á reunirse con el enrevesado poeta su amigo, otro pagara todos los vidrios rotos. Ese otro fué el posadero, que si po miente la fama, salió muy galano con su sambenito y coroza correspondiente en cierto solemne auto de fe, de que da menuda y circunstanciada cuenta un niamotreto que obra en el Archivo Nacional de Alcalá de Henares, con otros muchos de los enlegajados con el rótulo de Inquisición de Toledo ANGEt R. CHAVES D I B l J O S DE M É N D E Z líRINGA