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-Bien venida sea á esta su casa la justicia del Rey nuestro señor. Pero aún no había acabado el concepto, cuando fijándose en las facciones del recién venido hubiera añadido algo, y en bien distinto tono, al saludo, si una significativa mirada del cuadrillero no hubiera puesto un candado á su boca. Por suerte, de ello no pudo percatarse nadie. El ilustre senado, en el que había cuatreros hasta por juro de heredad, apenas enterado de con quién se las había, se disolvió como por conjuro, no siendo por cierto el último en hacer eclipse de su persona el juglar, titiritero, saltinibanquis ó como al pío lector le viniere en mientes llamarle. Por cierto que á éste fué al único que siguió con la vista el posadero, que no pareció tranquilo hasta ver que se encerraba en el camaranchón que le había diputado por alojamiento. II Cuando solos quedaron el mesonero y el jefe de los cuadrilleros, que ya puedo asegurar que de ello tenía tanto como su interlocutor de honrado, y esto ya se habrá comprendido que no era mucho, dijo 1 último sin ambages ni rodeos: -No ensanche usarcé el pecho, que si mis porquerones no son menos fingidos que los gatos que en los guisos hace pasar por recién cazadas liebres, pisándome los talones vienen otros de cuya autenticidad no tardará en tener pruebas, que no olvidará en los años de su vida, por largos que la merced le Dios se los conceda, ¿Y qué puede buscar la Santa Hermandad en mi casa? -preguntó el dueño del mesón poniéndose pálido como difunto. Busca lo que yo no tardaría en encontrar, si mi interés no estuviera en todo lo contrario. Vuesamerced sabe mejor que yo que hace días escapó de las garras de la Inquisición de Lisboa cierto caballero, á quien lo encumbrado de sus títulos nobiliarios no quita para que sea más observante de los preceptos del Talmud hierosolimitano, que no los de la Santa Romana Iglesia. El prófugo, que sólo trata de salvar las fronteras de España para reunirse en Flandes con su grande amigo y no menos judaizante el poeta Antonio Enríquez Gómez, según soplo dado á la Santa, ha debido hacer noche aquí, ocultándose bajo un disfraz villanesco, y á buscarle á él y á s; us bien recompensados encubridores es á lo que no tardarán en llegar los verídicos cuadrilleros. -i- Ka- -Y vo os iuro por mi conciencia, sea lo honrada que q u i e r a- r e p l i c ó el p o s a d e r o -q u e aunque como vos sabéis! aviso tengo de la llegada del tal sujeto, ni de él ni de su moneda h e visto hasta la ü o es S í T q u i e n tales razones hais de d a r- r e p u s o el falso cuadrillero con no disimulado amostazam ento- D e n l a s hice con daros cañuto de lo que ocurre, y no es poco lo que expongo el gaznate si yo y los míos, con estos arreos que escogimos para escoltar á cierta dama a la que importa tanto N