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I i e- sí puede asegurarse es que en lo terminado liay ya partes aro aitectónicas de una originalidad potente y de un brío extraordinario. Los hombres de poco más ó menos que contemplan las obras y ven tallar en piedra ingentes caracoles, lagartos gigantescos y colosales mariposas que después han de ser miembros de la construcción, se ríen, tal vez se burlan como quizá se burlarían los hombres de la Edad Media cuando viesen en el suelo losfanlásticos pajarracos, reptiles, endriago. y vestiglos de musitadas formas que adornan gárgolas y canecillos, pináculos y agujas en las antiguas catedrales góticas. En medio de sus obreros en o Gaudí, como e l i l u s t r e maestro Pedro Pérez que trazó y dirigió la Catedral de Toledo, piensa y dirige, dibuja y manda, proyecta y ejecuta. Y c o m o á los buenos maestros d e l arte ojival, las formas orgánicas y particularmente animales le seducen c o m o elementos decorativos. El genial arquitecto aspira á q u e en todas las partes de su Cate- 5- J i -h ííi- í i ÍA UN LIENZO D E MURO liíl dral, en vez de verse lineas secas y descarnadas de geométrica precisión, se presenten al espectador imágenes de la v i d a trepando por aristas y botareles, arrimándose a l a s ventanas, colgando de cornisamientos y frisos. La obra se costea con limosnas y no se ha interrumpido ni un día: los primeros millares de ladrillos de un horno nuevo las primeras toneladas de c e m e n t o de una fábrica, el trabajo personal de q u i e n n o puede ofrecer otra cosa, todo contribuye á alzar esta hermosa obra de la España nueva, siguiendo el camino marcado por la vieja España. FOTS. DE S. GARCÍA