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Una carga á la Vicaría y YER se casó la hermana segunda; hace un mes que se casó la hermana mayor; hoy se mudan de casa la mamá, las hermanas tercera y cuarta, y puede decirse que los novios de éstas, porque vienen todos los días: el uno, para amar bajo techado; el otro, para pasear por la acera de enírente. Vale la pena de meter en cuatro líneas lo que en el espacio de un mes me ha hecho aprender esta familia, cuyo sofá, seis sillas, espejo y dos butacas forradas sin duda de recuerdos indelebles, veo cargar en un carro de mudanzas de cuarenta reales. Una mamá de aspecto señoril y simpático; cuatro chicas de veintiséis, veintitrés, veinte y diecisiete años que, como se ve, han venido al mundo marcando el paso; un chico de catorce; la memoria del pobre papá, que se pierde en la noche de los tiempos; siete mil duros en el Banco ó en las catacumbas de Roma, para el caso es lo mismo, porque las hijas se van casando, pero á los siete mil no se toca; son para que sigan viviendo la mamá y las solteras: he aquí los elementos materiales de la familia, su descripción anatómica. Pero su fisiología, su modo de funcionar, de vivir, de casarse, en una palabra, eso es lo admirable, lo maravilloso, ¡lo gallego! Porque si alguna vez entra aquí la táctica alemana, lo- t; mejores soldados serán los gallegos, por ser más disciplinados; y se necesita ese paso tranquilo, firme, decidido de la raza, para que desfilen por la Vicaría, con seguridad tan envidiable, cuatro señoritas que viven con siete mil reales. i Y cómo no han de casarse, si es pura ciencia y táctica pura lo que emplean! Es frecuente que vengan á ser nuestros vecinos, gentes que al cabo de algún tiempo tienen una pérdida de familia, y á los quince días nos visitan vestidas de luto para despedirse, porque no pueden y a soportar la casa Y parece que le dejan á uno un tanto ajado como inquilino. Pero estas vecinas que vinieron hace dos meses, llenando la escalera de encuentros agradables, porque son tan guapas como honradas, y un día se casa una, y otro día otra... yo casero, les hubiera perdonado el alquiler. En fin, vamos al caso, y perdonen ustedes el desaliño del estilo: estas cosas hay qvie contaiias como un chismorreo de vel cindad; tal como se las cuenta á uno la fa ÍV luilia durante la sobremesa. Pues verán ustedes; estas chicas (las dos mayores) tenían novio; pero un día de procesión, las vecinas de arriba, cuya casa estaba llena de gente, les dijeron: ¿Porqué no subís? -Por que no estamos arregladas. -No importa; ya hemos dicho que sois muy guapas. -Pues ahora menos. -Andad, subid, que hay aquí unos chicos paisanos vuestros que quieren conoceros... Esto de que había gallegos las decidió. También los toreros prefieren los toros andaluces. Bueno. Subieron, y la tina gustó al arquitecto y la otra al rico hacendado. A los dos días, novios. Lus otros que tenían fueron despachados. Serían empleados ó pasamaneros. La hermana tercera también tenía novio, y yo me figuro que, en consejo de novias, rué decretado su- base d Ultramar por uuos cuantos meses, y que las mayores dirían á la tercera: -No seas tonta, que en cuanto Vía que no. otras nos casamos, vuelve por ti á escaDe.