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Í: L JLR- CO I R I S J LUEVE... Un cielo bajo y plomizo se abate sobre la ciudad en guacliirnada. El agua monótona cae como el estribillo de una vieja canción; cae obsesionante, implacable, fastidiosísima... Los labradores estarán muy contentos, pero acá nos morimos de tedio detrás de los cristales. Hemos hecho mal en reñir anoche... Si yo sé que iba á hacer hoy este día, no hablo... Pero, señor, ¡por qué hemos de tomar las cosas tan en serio! Decimos para siempre con una facilidad... Yo creo que manejamos esas palabras como los cobardes las armas de fuego: que las disparan de puro miedo. Para siempre... lo mismo al empezar que al acabar... Así no h a y medio de volver atrás... -Digo... yo no puedo arrepentirme... Sería entregarme, qiiedar á merced de su capricho, perder toda autoridad... E n cambio, ella... A las mujeres todo les está bien... Si me escribiese... Pero yo sé bien que no lo hará... Las mujeres cambian cuando les da la gana... y siempre contra el viento, al revés que las veletas... para vengarse de la comparación... Si yo pudiera pasear solamente, creo que me curaría de esta impaciencia... ó lo que sea. Tomaría el camino de su casa, ya lo sé... pero no subiría. Pasar una vez de largo por su puerta, creo que me dejaría completamente curado... porque no lo he hecho nunca... Ahora estará ella al piano, tocando quizás su rapsodia favorita... la mejor música del mundo... después de sus palabras... O habrá llamado á las amigas. ¡Sí, eso, las mujeres se entienden, se comunican mejor que nosotros y se consuelan que es un primor! O habrá cogido una novela sentimental... para distraerse... ¿Y si yo hiciera lo mismo? Sí. A ver la prensa de la mañana. Noticias... La crisis... Extranjero... Pero si no me interesa lo que pasa á la gente... E n cambio, lo que me pasa á mí... Y eso no puede ponerse en los periódicos. Bueno, pues ya sé por qué no los leo... Algo es algo... La última novela de France... Una hoja doblada... Aquí quedé... Lo anterior, lo anterior se me ha olvidado todo. ¡No, pues volver á empezar... Aquí lo dejé para ir á verla ayer... á estas horas, sobre poco más ó menos. ¡Daría yo cualquier cosa por saber lo que estará haciendo á estas horas... Tal vez se asoma detrás délos visillos para ver si llega este gran hombre, todo voluntad, que está aquí sufriendo como un condenado por el principio de autoridad, y empeñando consigo mismo el más hermoso y el más estúpido de los combates... ¡Oh voluntad, voluntad! Sin duda que es gran cosa qtierer uno lo que no quiere y salirse con ello. Pero la cara que se le queda á uno después de estas victorias tiene algo de ridicula... ¡Y á fe que ayuda el tiempo! No se puede mirar al cielo... ni al suelo. Y me consta que no ha salido. Aquellos ojazos negros se pasean por la penumbra de la salita, donde todo le habla de mí. ¡Que sufra! Después de todo, ¿qué trabajo le costaba escribirme dos letras... como la otra vez? Sí; aquí está la carta: Necesito mis retratos... pero ven á traerlos tú mismo. Hoy, nada; fui yo el que dijo: Para siempre Pasa una hora... Estoy triste como un sauce llorón, pero decidido á ser fuerte. Olvidaré... me distraeré... le haré la corte á Julia, su amiga más íntima, la que primero ha de decirme que sí. ¡Llueve siempre! ¡No! Allí parece que quiere clarear... El sol está todavía mu 5- alto. Si tuviera fuerzas, me las daría á mí; este cuarto me es insoportable. Sobre los negros algodones de las nubes, un magnífico galón polícromo acaba de pintarse: es el Arco Iris. A toda prisa me preparo á salir. Salgo, y mis pasos toman un camino conocido, que parece marcado por las pinceladas de luz filtrada entre jirones de nubes. Aún, llueve, pero una vaga claridad alegre se extiende en el aire, y el gran arco se me ajJarece al doblar de las calles. ¡Pero este camino. ¡Y j o que esperaba al sol para vencer en la lucha! ¡Cuánto has tardado hoy... -Mujer... con este tiempo... Pero ahora las nubes se repliegan desgarradas sobre el horizonte. Crece la gran turquesa del cielo, y el sol, allí en medio, sonríe bonachón como un bobo que no se entera de lo que pasa. DIBUJO D E J F R A N C É S VI f 1 ñ Wv J M. 4. NUEI, MACHADO