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J OUJL 30 XE: nE. ADJL Perdida en el desiepfo la errante caravana, con vacilanfe paso recorre las arenas abrasadas. En la ejífensión inmensa se pierde la mirada, y ni un eco responde á ¡a voz que se e; ít ¡ngue en la distancia. Rendidos y agobiados por la insufrible carga, los pacientes camellos con lentitud desesperante marchan. y los hombres caminan con la siniestra calma de aquellos que han perdido, antes que la ejcisfencia, la esperanza l ada el calor mitiga, nada templa ni aplaca la sed devoradora que reseca y consume sus entrañas. Jíasta que, al fin, no hallando ni la sombra ni el agua, tras penosa agonía, al par su vida y su tormento acaban. 1. A los dolientes sones de su lira de plata, en su cárcel obscura, como en su celda el prisionero, canra y al fluir eternamente de la peña agrietada, con suplicantes voces á los sedientos, amorosa, llama, y parece decirles: ¡loos que sentís las ansias de la sed infinita, venid, que inagotables son mis aguas! pero nadie la escucha, y por siempre ignorada, ni fecunda ia tierra, ni el cielo copia, ni la sed apaga. ¡Quién pudiera, Dios mío, acortar la distancia que la sedienta boca del ine? íhausto manantial separa! Manuel t) E SñN QOVñ! B A J O- K E L I E V E D E COUJLLAUT- VALERA En la sombra escondida la fuente soterrada de la caliza roca inagotable y rumorosa mana VK í- J. X b: ai ¡54 áiáJ