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rredor del viejo casco de la población, el cual conserva su sello castizo y su tradicional carácter, se han levantado nuevos y hermosos barrios, cuyas casas tienen bonitas fachadas, que responden al estilo arquitectónico del Renacimiento bátavo. Cruzan la nueva parte de El Haya numerosos canales, y hay en ella muchos parques y jardines. Por doquier reinan la tranquilidad y el, silencio. Apenas se ven transeúntes; coches, alguno de tarde en tarde. Esto y el cielo gris darían aspecto triste á dichos barrios, si el paseante no viese por las anchas ventanas de las casas los apacibles y alegres interiores holandeses, donde todo incita á la grata permanencia en el hogar. Insensiblemente, merced al estilo de las construcciones nuevas, se pasa de El Haya moderna á El Haya antigua. UN CANAL JIODERNC El centro de ésta se halla en el Vyver, que es como la Puerta del Sol de la corte holandesa. Y siendo El Haya r n a semiacuática ciudad, natural es que no para cada construcel Vyver sea un estanque anchuroso, con sus cortinas de árboles en derre- ción, las puertas y escaleras son angostas. Otras dor, y ceñido de vetustos palacios. peculiaridades de las caTan pintorescos como el Vyver son los canales que corsas h o l a n d e s a s son la tan El Haya en muchos sentidos. En esas vías acuáticas, y anchura de sus ventanas, metida en grandes barcazas, vive una población típica y para que e n t r e mucha verdaderamente otozfe Las calles de El Haya antigua son- luz, y la copia de flores la tortuosas y estrechas, pero están extremadamente limDia que adorna el balconaje. 4 La piedra apenas si se L o s holandeses temve, como no sea en las prano se acuestan y temaceras. No hay edificio prano se levantan. Apealguno de aspecto moí nas si hay dos ó tres teanumental: hasta el palatros en EÍ Haya, y suelen cio real y el que habita estar más á menudo ceS. M. la reina madre son rrados que abiertos. Las de apariencia burguesa, tiendas que con más freaunque d e c o r o s a Ello cuencia se ven, son las obedece sin duda á la esde cigarros, las de bebicasa firmeza del anegadas y las de libros. Los do subsuelo, que impide holandeses son grandes el empleo de materiales fumadores, grandes betan pesados como la piebedores y grandes lectodra. Una rara peculiarires; y como el fumar, el dad se nota en las casas beber y el leer en ningude El Haya: las paredes na parte se hace tan á no se levantan perpengusto como en la, propia dicularmente, s i n o que casa, he aquí tres motisurgen echadas para adevos excelentes para que lante, de modo que parelos holandeses se quece que se le vienen enciPALACIO DE LA REINA MADRE den m e t i d o s en sus cama á uno. Las casas se sas por la noche. construyen así, á fin de facilitar las mudanzas, que se efec Sólo he visto en una ocasión remar túan por las ventanas, porque disponiéndose de poco terre grande algazara entre los habitantes de El Haya: el día del cumpleaños de S. M. la linda y joven reina Guillermina. Estaban todos los balcones empavesados; en cada casa flotaba una bandera nacional; ardía en fiestas toda la ciudad, y no había hombre, ni mujer, ni niño que en el pecho no ostentase una flor anaranjada, del color de la casa real de Orange. El fervoroso dinastismo de aquellas simpáticas gentes se manifestaba del modo más expansivo y bullicioso que se puede imaginar. Todo era triscas y bailotees, risotadas y canciones. La rosa y verde ciudad de El Haya parecía inmenso cuadro de Teniers, una kermesse descomunal, acaso ruda, pero bella, como todo lo que revela pujanza junta con amor. LUIS MERCADO DK FLORES- VALERA