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EL) 4 AYA P R A D E R A S interminables, seni bradas de árboles y. cubiertas de húmedo é intensamente verde césped. Paciendo en las praderas, miles de blanquinegras vacas. Cruzando en todos sentidos las praderas, canales cuyas aguas, al parecer dormidas, son de un verde más obscuro que el de los campos, y en su cristal reflejan la verde fronda de los árboles vecinos. Paralelas á las sombrías cintas que trazan los canales ó cortando la esmaragdina alfombra que entap i z a aquella tierra, se ven otras cintas de un matiz de coral pálido; las carreteras, enladrilladas todas. Acá y acullá, sobre ingentes peanas de madera negra y tocados de negras caperuzas, los molinos alzan su fábrica descomunal y jaharrada de yeso, mientras en el ambiente húmedo giran, de perezosa suerte, las cuatro aspas enteladas de amarilla lona. Salpicando también la verdura de las praderas, hay rosadas alquerías y rosados, tranquilos villorrios de ladrillo. Todas las construcciones son diminutas, y todas tienen rojas techumbres picudas. Por los caminos discurren, con la pipa en los labios, rústicos de pelo rubio, ojos de un azul muy pálido y nlácida expresión; van cubiertos de extraños bonetes, amplias chaquetas y amplios calzones, con medias blancas y pesados zuecos. Y también discurren campesinas de abundantes carnes y rostros sanotes y bermejos, metidas en media docena de faldas, cortas y multicolores, y en corpinos medioevales, llevando sobre la cabeza una especie de capacete dorado que reluce á través de airosos gorros de blanca randa, en cuyas orlas surgen, como antenas de raro insecto, enormes zarcillos de cobre y metálicos arambeles. De cuando en cuando, por los canales se deslizan á la vela ó á la sirga panzudas barcazas reVYVERBERG (PASEO DEL WVJÍB. pletas de mercancías. Y de cuando en cuando aparece alguna ciudad soñolienta, de aspecto antiguo, cuyas pequeñas casas rojas desaparecen entre follaje y se miran en los canales que forman triple ó cuádruple cinto á cada población. Esto, así como pone los pies en los Países Bajos- -salvo al llegar á Rotterdam ó Amsterdam, donde todo es tráfago y actividad, -es lo que ve de continuo el viajero. Y todo esto lo encubre casi siempre una bruma, que empana el ambiente y roba al cielo su color azul para prestarle meIii -ólioT íiiit. ii T M 1 1- t. i idemás, lo rodea por tres partes el pardo y revuelto n á romperse contra las dunas, murallas de arena que sirven de baluarte á los Países Bajos, fértil llanura situada á trechos hasta por bajo del nivel del mar. Todo esto, asimismo, tiene extremado aspecto de limpieza: diríase que algún ser gigantesco diariamente quita el polvo á campos y poblaciones, y los aljofifa y pule con esmero. Aquello asemeja una enorme caja de juguetes, con sus casitas, sus arbolitos y sus muñecos, cuando aún conservan el lustre del barniz reciente. Tales son los alrededores de El Haya, y tal, en conjunto. El H a y a como las ciudades antes bosquejadas. Pero El Haya tiene algo de suigenerís. El Haya no es la capital del Reino, pero sí residencia de la corte y del Gobierno. El Haya ha sentido legítimos deseos de grandeza y mejora, y sus d e s e o s han sido atinadamente UN CANAL A N T I G U O realizados por el Municipio. En de-