Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
con, apuradísimo? A veces me ne escurrido hacia las cocinas, como aturdidamente; y te aseguro u e hay pocas cosas más entretenidas y más instructivas: es el reverso del tapiz... ¡Se sacan consecuenciasf- -Pues no veo... interrumpió Lidia. -Espera, espérate... De este sistema mío forma parte el tomarme interés por las personas de quienes nadie hace caso cuando se arma fiesta. Las institutrices y damas de compañía varadas en un rincón; las parientes pobres, insignificantes, embutidas en un traje remendado dos mil veces; las feas incurables, á quienes nadie concede ni una vuelta del brazo ni un minuto de palique; y sobré todo ¡los músicos! ¿Te has fijado tú en los músicos? Yo siempre. Cuando veo al pianista clavado en su asiento, tan formal, humilde, con su frac ala de mosca, pendiente de que cualquier tonto le ordene ¡vals! ¡rigodón! me entra, ¡qué sé yo cómo llamar á lo que me entra! Una rabia, una furia... Quisiera coger á un gomoso, sentarle en el taburete, y chillarle: Tú á aporrear el piano, y este caballero á cenar con nosotras; es fácil que sea mucho menos bolonio que tú... ¡Alocada! murmuró Lidia. -Pues j a te vas enterando: en casa de Almanza, lo que pasó fué que ejecuté lo ideado tantas veces. El pianista estaba oculto por el respaldo del piano y unos cacharros llenos de flores; cuando me colé hasta donde podía verle, me intrigó más que ninguno... ¿Guapo? ¿Tipo romántico? -No seas maliciosa. Feíllo, amarillento, verrugoso, tísico pasado, -pei o con una cara de sentir y comprender sti posición; con una dignidad triste y resignada en la actitud... que, vamos, el corazón j -yrri: ÍK me dio una vuelta. Ahí está ese ciesventurado- -pensé- -convertido en máquina de meter ruido para que los demás se diviertan; olvidado de todos, y sin que le sea lícito á su juventud dirigir una mirada á las muchachas bonitas que le cruzan delante bailando... ¡Qué injusticias en el mundo! -Y cátate que mientras rumiaba yo esto, se arrima Genara Artías, la muy insolente, y me dice con chunguita: Veo que el maestro h a hecho una conquista hoy... Mira, hija, se me encrespó el genio, se me erizó el alma... y contesté lo siguiente: Por cierto; me agrada más que Pepín Barquero; tengo mejor gusto que otras. -Y acercándome al- maestro ¡pobrecillo! á cualquier cosa llaman las patronas chocolate) le presenté el brazo, así, muy redondeadamente, y ie dije ¡con qué dulzura y qué mimo! ¡Si soy yo un copito de armiño cuando se me antoja! Maestro, quisiera que me hiciese usted el favor de llevarme al hufett... T Habrías de ver, ma helle, aquel semblante. Una expresión semejante, sólo en los santos estáticos. Y al mismo tiempo, vergüenza, sí, vergüenza. Me le tuve que llevar medio arrastra. Se armó un alboroto. Se agolpaban, nos rodeaban; bromas impertinentes, cosas que revelan la poca caridad y la pequenez... La Almanza, á quien lo quiso oir, chilló que yo le había estropeado su baile. Gran baile sensacional, un baile de pianista y con una miseria de cena. No les hice maldito caso; me senté al lado del maestro, en el comedor; le serví té, dulces, vino; le cuidé mucho; le pregunté su vida y milagros; le auguré que el año que viene será un Rubinstein hecho y derecho, y dará un concierto en INÍadrid, al cual asistiré yo muy hueca; en fin, que en su vida habrá olvidado esa noche... ¡Kn su vida! No es gran cosa, porque, Lidia, al otoño siguiente cerró el ojo... ¿Cómo lo sabes? -Porque su madre me lo escribió... Se conoce que el maestro la hablaba sie: iprs de mí y la dejó encargada una despedida... Lidia se llevó á los ojos el pañuelo de batista orlado de valenciemies. ¡Qué cosas inventas, mujer! balbuceó, abrazando á Piedad. EMIMA P A R D O DIBUJOS DE MlíNnEZ RRIXr. i BAZAN