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íií -V- j í W s ív V CUJL A 1- S S V- 1 -r T i bueno d villa poi I en la ciudad I Os sevillanos suelen reciDir bien a toao el mundo, pero con Julito fueron verdaderamente extremosos: echaron la casa por la ventana, le trataron á cuerpo de rey, quisieron que de todo viera y de todo probara y disfrutara. Y, en efecto, así fué: Julito vio, probó y disfrutó de todo. Estaba encantado de los sevillanos y de Sevilla. Pero ¡ay! faltaba la bomba final, el número del programa de que desgraciadamente no se escapa allí ningún forastero: era indispensable que antes de que Julito volviese á Madrid (donde había nacido y donde vivía) le oyera cantar una noche cuatro cofias cuatro coplas, fíjese el lector) á Paquiyo er de Camas, sin oir al cual no debía morirse, en opinión de sus admiradores, ninguna persona de buen gusto. Se organizó una cenita seria, demasiado seria, y la noche señalada para el sacrificio, que dicho se está que fué memorable, nos reunimos hasta veinte personas de distintas clases y categorías (eso sí, hombres todos, porque la cenita era seria) en un cuarto con mucho carácter y poca luz, verdaderamente típico, de uno de o colmados de más campanillas. El alma de la fiesta, Juan Organizador, como si dijéramos (siempre hay uno, que lo organiza todo en tales ocasiones) sabía bien dónde le apretaba el zapato, como ya se verá, si Dios quiere. Empezamos á cenar demasiado tarde, circunstancia harto de sentir, porque se nos pasó el apetito á fuerza de comer aceitunas, salchichón, embuchado, queso, sardinas, anchoas, mantequilla y otras futesas más ó menos típicas.