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ítcría, los peces orondos, los mariscos nacarados, las carnes sangrando de la caza heroica, los quesos, ios frutos exquisitos, los vinos rojos como el zumo de las granadas, los panes tiernos y dorados en el calor de hornos divinos, los dulces amasados con pinceles de buenas hadas, de hadas caseras y materiiales, todo aquel suntuario montón de cosas exquisitas, incitantes, golosas, resplandecientes, fué pasto de las deidades desnudas. Allí está el secreto de la salud, de la belleza, de la abundancia... de la alegría. He ahí por qué viven fuertes, sanos, alegres, confiado en su propia fuerza y adoradores de su propia forma, todos esos dioses, ninfas, amores, héroes y símbolos que nos trajo el Arte. Dadle á los niíseros hombres un banquete así, ala holandesa, y veréis surgir de entre ellos dioses, ninfas, héroes, cOriio en ios lienzos inmortales en que cristaliza lo ideal. ¿Si vi más cosas? ¡Ya lo creo! A la hora del hambre- -que, al fin, aquello no era más que una fiesta- -vi á Prometeo engullendo al buitre. ¡Oh Dios! -dije, -el buen Prometeo sigue encadenado, pero la íduda. es decir, el ave, pasa del hígado al vientre. ¡Todo es pasar... y todo es duda! Se conoce que al infeliz no lo pasan por el inmenso montón de comestibles flamencos. -Pero... ya es tarde; otro día lé seguiré contando. ¿Dudará usted de que las cosas pintadas, creadas, jiejor dicho, tienen alma? -No dudo- -le respondí. -Mas, dígame por su vida, todo eso pasó en el Museo Nacional; ¿y en el tModenio ¿También allí hay vida y recreo y sti aquelarre correspondiente? -También. Quise pasar allí otra noche y me faltó el valor. ¿Cómo es eso? -En la noche del sábado no se puede estar allí: ¡qué olor! Como que no hay más que sangre y carne corrompida... Para no ver más que cadáveres, prefiero el Este. ¡Y qué cadáveres, amigo mío! IvOs hay de todos colores. ¿No se h a fijado usted? -No prosiga usted, porque tengo muy débil el estómago. Por eso y por otras; cosa; más, dejé la pincosas t u r a y me hice militar. ¡Hola! -Ya le dije á usted al principio que no adelantáramos los sucesos. Tiré el pincel y cogí la espada; he llegado á ocupar los primeros puestos de la milicia. H e trazado planes, he estudiado líneas, he con- -f jtt Sf lía. i- it- í y- 5 -v quistado pueblos, he -ariado mapas, h e descubierto sistemas, h e inventado tácticas, he puesto p a t a s arriba todo el planeta. ¿En dónde ha servido usted? -E n casa de un amigo... ¿Cómo se llama? -El doctor Esquerdo. -Lo suponía. Y al despedirme le di una peseta de las nuevas, que el gran pintor y gran estratega me agradeció r. iuchísimo. JOSÉ N O G A L E S DIBUJOS DE MáNDi: z nlíINGA.