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1 B presento á ustedes como tipo de Primavera raro y curioso. Hijo de Don Diego Rosales y doña Hortensia Ramos, nació por Pasnm florida en la calle del Clavel, y se trajo al mundo una profunda pasión por las flores. Hubiera querido que la aiitora de sus días, en vez de ser una madre culta, hubiera sido una madreselva. Tanto él como sus hermanos Narciso y Floro se hallaban en estado floreciente, como era natural, cuando yo los conocí. Jacinto era afortunado en todo, y si de ello se alegraba sólo era por bañarse en agua de rosas. Aunque prefería una amapola á una ama seca, vivía con la nodriza que le crió, á la cual llamaba Peonía desde que la vio casarse con un peón de albañil. Quien no se casó nunca fué Jacinto. La flor de azahar tUTO el prÍYÜegio de inspirarle repulsión, como le hubiera pasado con la siempreviva, -ó sea la suegra. Para él no había en la Historia mujer más simpática que Florinda ó la Cava. Su población favorita era Florencia. Se constipaba frecuentemente sólo para que le diesen or cordiales, pues en su afán por las flores no le bastaba llevarlas en el ojal ó en la mano, sino que también las quería llevar por la parte de adentro. En vez de comer en un plato comía en un tiesto, y si tenía que batirse no admitía más arma que el florete. Su manía le llevaba hasta el uso innecesario de los co- lirios, aunque tenía unos ojos que para mí los quisiera. A sus primos Jenaro y Heliodoro los llamaba Geranio j Heliotropo, respectivamente, y á su tío Crisanto, Crisantemo. Sus escritores predilectos eran Ramos Can- ión, Flores García y Fernanflor; no leía más periódicos que Flores y abejas, de Guadalajara, y no iba al teatro como no hicieran El- clavel rojo, Flor de un día, La Pasionaria, La flor del espino, Azucena, Las flores, Margarita, Claveles dobles ó Fl puñao de rosas, así coni o no faltó jamás á los famosos bailes de La Magnolia y El Ramillete. Por supuesto, su espectáculo favorito eran las batallas de flores. Respecto á la iglesia, no ponía los pies en ella másnjue en Mayo, cuando se celebraban las Flores de Maria, ni fué jamás á otra verbena que á la de San Antonio de la Florida. En cambio, era jugador empedernido; pero no Se gustaba ser punto, sino banqiiero, para decir: ¡Tallóla) El día que no le echaban agua por encima con una regadera, cantándole á la vez el Himno deRiego, estaba lacio y mustio. Como es de suponer, iba siempre por la calle echando í -í? í á las mujeres. Cierto día dijo á una chvila: ¡Adiós, alelí! ¡Adiós, alelao! -le contestó ella. 1,0 que no tuvo, nunca fué un buen pensamiento. Y su mayor dicha hubiera sido tenerlos, para haber podido concurrir á los juegos florales y haber llegado á ser personaje de muchas campanillas. En fin, todo lo relacionaba con las flores, y lo que sentía era no poder tomar el chocolate con tulipanes, y que las zapatillas no tuviesen eVa ¿oj y las pistolas pistilos. Por último, aunque nuestro hombre era la flor de la maravilla, también le llegó la hora de marchitarse. Le cameló (con una camelia, como es lógico) cierta florista llamada Rosalía Romero, y como quier a que tras de dos años de relaciones ella e dejó plantado wa. Domingo de Ramos, el pol re ilorini. -i. niaco murió de pena, precisamente en la calle dei Fhrín y siendo un lila de primer orden. ¿Verdad que es rarísimo el caso de Jacinto Rosales? JUAN PÉREZ ZUÑIGA