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donar muchos de sus campos, cuyos T i frutos eran destrozados por los feroces paquidermos, y se ven precisaA. dos á defender sus sembrados, ahuyentándoles por medio de grandes hogueras que alrededor de los campos encienden todas las noches, desde qite empieza la granazón de los cereales. Los cazadores se declaran impotentes para destruirles. El pueblo, de cuya administración municipal pudieran citarse rasgos tan originales como el pago de médico, farmacéutico y barbero con fondos del Ayuntamiento, cuenta ha, sta 2.000 habitantes, y es de construcción tan moderna, que la inmensa mayoría de sus edificios, sin exceptuar la iglesia parroquial, datan del siglo pasado. Es la villa de Hecho de origen antiquí. simo, y tiene cuatro edificios notables: la iglesia, con su esbelta torre levantada por los hijo del pueblo; la escuela, de vastas proporciones y de inmejorables condiciones higiénicas; la ermita de Escagües, destruida hace tres años p o r itn voraz incendio y GRUPO D E CHKSOS nuevamente restaurada, y el monas teño de San Pedro de Siresa, fundado en tiempo de los godos, restaurado por Sancho I y enriquecido con espléndidas rentas por el gran rey aragonés Alfonso I el Batallador, que había nacido dentro de sus muros, según él mismo afirma en una escritura de donación que á favor de dicho monasterio hizo en el año 1121. Es San Pedro (hoy iglesia parroquial del barrio de Siresa, situado dos kilómetros al Norte de Hecho) de estilo bizantino, con un vastísimo crucero numerosos arcos y robustos contrafuertes. Por su importancia histórica en los tenebrosos tiempos de la invasión musulmana, eclipsa el nimbo de gloria que ilumina las cumbres de San Juan de la Peí: a, y debe ser considerado como la cuna y verdadera casa solariega de Aragón. Desde la invasión árabe fué matriz de las iglesias de Huesca, Jaca y San Juan, hasta el ano 1063, en que nueve obispos franceses y españoles y tres abades, entre los cuales estaba Garuso de Siresa, firmaron en Jaca solemne compromiso de establecer definitivamente en esta población la sede episcopal; de Siresa salieron durante muchos años, después de este suceso, los abades de San Juan y los obispos de Jaca y tluesca, hasta la reconquista definitiva de esta última ciudad, y á la comunidad de San Pedro pertenecieron dos afamados teólogos españoles que tomaron parte principalísima en los primeros concilios lateranenses; todavía se conserva con el nombre de Urraca la fuente donde todas las tardes se i etiraba á rezar, según t r a d i c i ó n tenazmente conservada en Hecho, la famosa esposa del monarca c h e s o, mientras éste llenaba de t e r r o r las huestes agarenas y ensanchaba con sus prodigiosas conquistas los límites de Aragón; y finalmente, hijos de aquellas montañas eran los indomables UNA CHKSA aragoneses que acompañaron al conde Aznar cuando éste vino en auxilio de los 300 cristianos que en las breñas de Uruel habían jurado derramar su sangre luchando contra los invasores. Con la ayuda de Dios, pronto aparecerán algunos datos que puedan esclarecer en parte estos culminantes y críticos sucesos de la historia de Aragón, tan descuidada y ligeramente tratados por los historiadores de España y aun por los mismos cronistas aragoneses. Dan acceso á la iglesia de San Pedro dos puertas: una al ocaso, en donde todavía se conservan el escudo de Sobrarbe, el lábaro y la fecha de fundación, y otra al Mediodía, con una inscripción que dice: Ecclesia collegíata regum Aragonmín capella regia. La facilidad con que los, chesos atraviesan el Pirineo sobre profundos UN ZAGALILLO mares de nieve, la opulencia de sus rebaños y las cosechas de cereales, demuestran su amor al trabajo; de sus típicos y antiquísimos trajes y de su constitución robusta y atlética pueden certificar las fotografías adjuntas; y la estadística acusa tan escaso número de analfabetos, que no llega á un cinco por ciento; su hospitalidad es proverbial, y su sobriedad tan asombrosa. que á pan y agua resisten muchos días de rudas y pesadas tareas. DOMINGO M I R A L