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K; lv VJLI XvK DK; H K O I- I O vi? ví: i. -K VISTA GENERAL DEL VALLE D E HECHO 1 IMITADA al Norte por una cantera de granito, y bañada al Oriente por las bulliciosas y claras aguas del Aragón Subordan, se levanta la pintoresca villa de Heclio en el centro de una hermosa cañada. Ásperas y fragosas montañas, cuyas altivas crestas se hallan eternamente coronadas de nieve, forman el núcleo central de la cordillera pirenaica que la separan de Francia. Su término municipal alcanza de Norte á Sur muy cerca de ocho leguas, y en él pueden pacer desde Mayo hasta Octubre 70.000 cabezas de ganado lanar y 2.000 de ganado caballar y vacuno. L, as ferias que anualmente se celebran en el mes de Septiembre se ven muy concurridas y adquieren cada vez más relieve é importancia. En sus bosques, los más frondosos del Pirineo, abundan las maderas de construcción: el pino, el abeto y el haj a alcanzan proporciones gigantescas, 5 a. spardinas (tierras bajas y semieriales que Hecho posee en una extensión de muchas leguas) se hallan cubiertas de espesí. simos matorrales, donde crecen el tejo, el roble, el carrasco, el boj y otras especies propias de los climas fríos. I a caza mayor, que halla refugio seguro en las espesuras de las sierras, es variable y abundante; el oso baja hasta las llanuras durante las grandes nevadas del invierno, y todos los años pasa por el hermoso valle de Santa Ana á establecerse en la falda meridional de la arrogante sierra, que los naturales del país designan con el nombre de Peñaforca Hay sitios llamados senda y paso del oso; en las puertas de muchas casas están colgadas en forma de aldabas las manos y patas de los osos, y con el mote de L onset es conocida la casa de un intrépido cazador que falleció hace pocos años, después de haber dado muerte durante su vida á dieciséis osos, sin más defensa qrie su temeridad sin límites y una destartalada y viejísima escopeta de pistón. Los ciervos, los sarrios ó gamuzas y los corzos, recorren en grandes manadas las escabrosas alturas de los picachos, en donde son perseguidos por algunos sportmen ingleses y franceses, y por los audaces cazadores chesos Juan Chicón y Javier Brun, que frecuentemente les despeñan haciéndoles saltar por altísimos derrumbaderos. Pasan los rigores del invierno en Oza, selva poblada de espesísimas hayas y corpulentos abetos, en cuyas copas se UN CHEBO RICO detiene la nieve, formando un techo que alcanza á veces algunos metros de espesor; en esta época se alimentan principalmente con las blancas cortezas i 1 TIde las hayas y las puntas de las ramas más delgadas. Los jabalíes, que viven en las vertientes ael Pirineo, constituyen desde hace cuatro años una verdadera plaga; los labradores han tenido que aban-