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Rquí en mi corazón, sus alaridos sonaron como rudos martillazos. ¡Yo maldije los besos de mi boca, mi amor, mi ¡uvenfud, mis entusiasmos! Después, amanecía en sus entrañas: los ruiseñores del amor cantaron, y de mis esperanzas en la cumbre el sol naciente difundió sus rayos... J ijo mío, sé fuerte. Mis amores lá cuan tremendas guerras te lanzaronl E! amor y la guerra; eso es la vida. Se necesita corazón y brazo. Alma sumisa es cementerio triste donde las ilusiones se enterraron. Isa turbar ulfa, indiferente pasa. iAy de los pobres muertos olvidados! Es preciso vivir, y de la propia fuerza llevar el símbolo en la mano. Si á la bandera la saludan pocos, ¡todos se inclinan cuando se alza el látigo! Es preciso vencer, y en el banquete de los triunfantes ser un invitado, y que lleven los ojos la amenaza... y ¡a sonrisa de perdón los labios. -Ricardo J e ñ T ñ l l N E ü DIBI 1 J 0 DE J. F R A C É S