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mL rm ¿i LA TOILETTE D E L CABALLO -l ASTA hace unos años, con motivo de la huelga de cocheros, no nos habíamos enterado de los sufrimientos y penalidades de esta clase, y cuando subidos en el menguado trípode que nos crean las dos ó tres pesetillas que en el simón vamos á gastarnos, fingimos despreciar, ó despreciamos efectivamente, al cochero, debiéramos acordarnos de que es un sufrido y valiente ciudadano que quizás lleva trabajando catorce ó quince horas eix una faena pasiva é in grata, mal comiendo al aire libre y entre dos prisas. Los más de los cocheros de Madrid se levantan cuan- do todos estamos roncando todama, y se acuestan cuando t o d o s estamos roncando ya. Salvo los que están en puntos 7? bí donde hay servicio noche y día, casi todos han de ir á la cochera entre el canto del ruiseñor y el de la alondra, y no á buscar á Julieta, sino á repasar la limpieza del coche y el enganche del caballo, para que la hora de salir los primeros trenes les coja en la calle. A esas horas en que hasta la luz 5 el aire de las calles parecen hostiles, comienza el trabajo del simón, trabajo, en verdad, mal remunerado y peor agradecido. 1: LA SALIDA Fotografías G. Frendenthal wjf