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S ssa 5i u! z SPahm nez es! a niñera de 2 a! fasar, el hijo de doña Jlnfera. y no saben ustedes lo que haae Slasa desde que por desdieha sirve en la casa. Jlunque por ser fan buenas sus aondiaiones ici perdonan á veces las disfraaeiones, mil pruebas está dando de distraída, de esas que se recuerdan toda la vida. Soasaremos por alto que un día en S ierro puso el bozal al niño y el gorro al perro, y que llevó al ohlguillo días pasados á un convento de monjas á oer soldados. Jío diré que otro día y ante ¡s madre por dar un beso al niño se lo dio al padre, ni que le dio lejía eierfa mañana en lugar de jarabe de ipecacuana, ni que, ayudando á Slita la cocinera, cierta oez se distrajo de tal manera, que encontraron los amos en el puchero una pera de goma y un sonajero, ólo ooy á contarles la más reciente de las mil distracciones de la sirvie ití Smprendían el viernes á Calavera un viaje padre y madre, niño y niñera. Jl la estación se fueron, y ante el despacho preguntó jlnfera: ¡Paga nuestro muchacho? ¿Jl verlo? -dijo el hambre del ventanillo. If jlnfera dijo á Slasa: -JKues, tra el chiquillo. y a I destapar el bulto que entre mantillas iba lleno de encajes y de puntillas, Slasa causó el asombro de los presentes, que no oyeron más frases que las siguientes: ¡Pero qué traes, indina? ¡S erdón, señora! Ssfo es que con las prisas de última hora, por envolver al pobre 2 altasarifo envolví la bandurria del señorito. qué has hecho del nene, maldita 2l asa? -Jío tenga usted cuidado; se quedó en casa, resguardado del polvo, salvo y contento, mefidito en ¡a funda del instrumento. J U A N P É R E Z ZÚÑIGA