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íicultades á su cama, y con no menores á su domicilio el Sr. De Valdea juas, que sin desnudarse s i quiera cayó sobre su lecho como- un tronco. uesnuuarse si La borrachera del eterno panegirista del agua fué bochornosa. Por fortuna, no se dier cuenta de ella los vecinos; pero el escudo nobiliario debió aquella noche enrojecerse de vergüenza; positivamente, todos sus cuarteles eran gules. o tApenas se durmió el- buen señor, con esa modorra característica de la embriaguez, tuvo un sueño estupendo. Entre nubes de grana, coronada de verdes pámpanos y alzando en la mano, como si brinaase una copa de espumoso champaña, se le apareció un hada encantadora, que le habló asi- -Yo soj un espíritu divino (de vino entendió el noble, por su lamentable estado de percepción) v c o n S e 1 e S t T o y protectora de cuantos le rinden culto. Para premiar el que asiduo y constante le tributa D Gumersindo, he resuelto realizar la original idea que hace poco se le ocurrió y convertir las fuentes de este pueblo en inagotables chorros de vino; pero antes de realizar este portento, he querido interrogarte para saber si tu amor al agua llega hasta el extremo de no querer que ejerza mi poder mágico sobre la fuente de tu casa, para que sigas desfrutando su caudal insípido Perplejo se quedo el Sr De Valdeaguas; pero al escuchar los dos adjetivos con que el hada calificaba aquel manantial por el tan apreciado, contestó con desabrimiento: r j lo que gustes; yo quiero conservar ese riquísimo venero, envidia de cuantos no lo poseen v que todos buscan con preferencia á los mejores del pueblo. El hada entonces vertió en el espacio el liquido chispeante de su copa, y á la vista del Sr De Valdeaguas apareció todo illafuentes con las innumerables que le daban nombre, y que empezaron á verter líquidos rojos como rubíes ó amarillos como topacios. g ft -Í, i N c Wk ilW J i I 1. V bebían en los caños ó de bruces con visible deleite. I w- ¡Milagro! ¡Milagro! -exclamaba el cura levan- tando los brazos al cielo. -Prosternaos, hijos míos, y dad gracias á Dios por esta riqueza que nos concede. Arrodilláronse todos; pero la impaciencia cortó bien pronto l a oración, y los asombrados vecinos, siguiendo el ejemplo de uno mas previsor que los demás, fueron á sus casas y volvieron presurosos con cubos, jarros, pucheros, tinajas y cuanto podía contener aquel inesperado líquido El temor. de que el müagro durase poco tiempo les indujo á hacer gran acopio de vinos y de licores Danzóse a la calle el Sr. De Valdeaguas para convencerse del prodigio, y bien pronto pudo apreciar tiaíes r e T r L n t s t o f n V f otra. fuente, á sorbitos y sólo para cqno cer la calidad L los mananuaies, que eran estos de los mejores vinos generosos e H ifll f P u todos los vecinos del pueblo estaban borrachos. Hasta los menos bebedores, tní W f P f colectiva, contagiosa sin duda, habían empinado de lo lindo y daban tumbos o hacían piruetas o se abrazaban con esa expansión cariñosa propia de la embria xuez L o Tell f l rZ t P varias libaciones de cariñena ó Pedro Jiinénez, y anciana hubo nmy T uu s trillYe y- -A en medio de la plaza después 4 r. fZ será decir qiie D. Gumersindo, loco de alegría al ver realizado su ideal, fué, á pesar de su resistencia, uno de los primeros en medir el suelo con las costillas.