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Fué el c a s o q u e cierto día acertó á llegar al oasis un viajero curioso. Era un sabio francés emigrado de su patria en la época del primer Imperio y de las grandes -uerras. El sabio prefirió, naturalmente, la barbarie africana á la civilización europea, que se daba risa á instaurar la fraternidad matando millones de hombres. El francés, que venía aturdido con el fragor de aquel pesante batallar, vio que ni en aquel rincón del mundo encontraba paz, y se propuso imponerla aun contra la voluntad de los soberanos. Encontró favorable la de los pueblos. Pero ¡ay! la catapulta sagrada, la invencible catapulta les acobardaba V contenía. El extranjero replicaba que él traía un arma más poderosa que aquéllas para vencer todas las fuerzas temibles y destruirlos castillos inexpugnables. Y como los cortesanos le registraran el equipaje pa -a apoderarse del arma milagrosa, él les advirtió que no darían con ella, por ser invisible é impalpable Efectivamente; traía un espíritu libre de supersticiones y lleno de ideas: armas de poder irresistible! Aguardó á que algunos de sus prosélitos entrai an por su turno de leva en la legión sao- rada Entonces les habló y les atrajo, á unos con razones y á otros con aguardiente, á las casas de sus familias Desvistióles de su hábito, les lavó las caras, 3- entonces todos reconocieron en ellos á sus hijos y hermanos, 5- no á los monstruos temibles, que la conseja y la tradición supersticiosa pintaban como de otra estirpe y de otra naturaleza invulnerable é inmortal. Sufrieron el castigo aquellos desertores infieles á sus banderas: fueron quemados vivos y arrasadas s. -í -m. -iVf f. -s sVg SS u iuciiciic. j eiu la catapuicaí ¡i a mvenciDle catapulta les- -í- -asustabal Entonces el sabio, conociendo el valor de la parábola entre las multitudes, más fáciles al eiemolo que al raciocinio, congrego a buena parte de las tribus. Y cogiendo una flecha la clavó en el tronco de un árbol, que empezó á derramar copiosamente su savia por la hendidura. iT Jf 7 T j- flecha que es la catapulta, ó muere desangrado el árbol, que es el pueblo. AtTd n t A r J mostrándoles un gran puñado de crines cortadas de la cola de un c a b a l l o Aíad una de estas crines a la flecha. Y cuando lo hubieron ejecutado, añadió: -Ahora tirad de la crin hasta arrancar la púa clavada. Tiraron, y la crin se rompió al esfuerzo. -Repetid la operación con otra crin. Eo hicieron también, y aquella crin y otras cuatro más se rompieron sucesivamente fádlmente l a f í e c h f manojo entero, y trenzándolas crines, formó un cable, con el cual salió mü f ierte dijo, -crin á crin, todas se romperán. Juntas y tirando á la vez, ellas sacarán la púa