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Ttija m i i j e r garantizar su virtud pasada, pero no la venidera. Obsesionado con estos pensamientos estaba Pablo, cuando se le acercó Manuel para decirle que ya se había decidido por aconsejar- le una novia excelente, y que al otro día podría pasar á pedir su mano, con lo cual Pablo, alboí rozado como un chico -rsíV por desechar la pesadumbre de sus dudas é impulsado por aquella sugestión e r ó t i c a se encontró á Gracia de manos á boca en un pasillo y le dio un abrazo. La moza, que era honesta y que tenía añejos rencorcillos con su amo, aprovechó la oca íf. i í sión para darle la más tremenda bofetada que sufrió Pablo en su vida; de tal suerte, que se enfureció y persiguió á la criada para vengarse, pero ella pudo llegar á su cuarto, cerrar ¡a puerta y echar el cerrojo, mientras el amo, 1 con la mano en el carrillo exclamaba mohíno: -Es usted muy soez, muy bárbara, muy cerril. ¡Esto ya es demasiada virtud! Gracia, por el pronto, no respondió á su amo, y medrosa y hecha un rebujo al pie de su cama, le estuvo escuchando, hasta que al fin, c o m o la voz del amo se ablandara y sus quejas fueran más razonables, la muchacha con voz tímida respondió á través déla puerta: -Señor amo, usted me perdone, pero mi madre me ha dicho que no me tiene que abrazar más que aquel que sea mi marido. ¿Y te parece justo responder de esa manera? -Sí, señor; á las palabras con palabras y á las obras con obras. ¿Y es verdad que nadie te ha abrazado? -Sí, señor. Jiíralo. -Lo juro. -Quiero ver cómo besas la cruz. Entonces la moza aproximó la silla á la puerta, abrió los cristales del montante, y asomando por aquella ventana su hermoso busto se llevó los dedos en cruz á la boca, y entre ruborosa y sonriente ios besó dos veces. En aquella actitud encontró Manuel á su hermano Pablo, y corno le sorprendiera tan singular escena, el hermano menor, señalando á Gracia, exclamó: -Te presento á mi futura esposa. Es la mujer robusta que desea Enrique y la mujer honrada que pretendo yo. ¡Estás loco! -No; me ha dado pruebas muy fuertes de su honradez. -Pero... mira lo que haces... Es muy cerril. -Yo la domaré... Es una mujer lógíca; responde á las palabras con palabras y á las obras con obras. L ym ik- IL 4 FAEI, TORRÓME CIEL JOS DE