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-Pues bien- -replicó el hermano maj- or; -no veo más que una solución honrosa 3- lógica para este conflicto. ¿Cxiál? -preguntaron los dos hermanos. -iíl matrimonio. Debemos casarnos. Esta solución causó estupor en aquellos cerebros, c ue no habían tenido tiempo jamás para pensar en el amor y c ue dudaban de su existencia. ¡Casarnos! -exclamó Pablo. ¡Somos 3- a muy viejos! Yo tengo cuarenta y cmco años, 3- S 03 el más joven de los tres. -No es necesario que los tres nos casemos; basta con que uno solo haga ese sacrificio. AI cabo de discutir ampliamente sobre cuál de ellos debía casarse, el hermano maj- or resolvió qvís ¡o decidiera la suerte, y después de escribir los nombres de los tres en sendos papeles 3- de insacularlos arrollados en, un sombrero, llamaron á Gracia, que así la criada se llamaba, para que extrajera una de las tres papeletas, á lo cual obedeció la nioza, entregando el papel al hermano ma -or, que, desdoblándolo, le 3- ó el nombre de Pablo, á quien dijo solemnemente: -Tú debes casarte. Pablo la emprendió contra la moza diciéndole mil pestes 3- maldiciones, de suerte que ella túvose que marchar más que de prisa, y así que se apaciguó el bullicio que produjo tal escena, replicó el menor de los hermanos: -Supongo que este negocio, por ser el más grave, lo meditaremos con ma 3; or detenimiento. -Seguramente- -respondió Manuel. -Entre los tres pensaremos las condiciones que deba reunir nuestra futura cuñada, y después nos consagraremos con calma á buscarla en el pueblo ó fuera dei pueblo. -Yo creo- -replicó Enrique- -que la primera condición es que sea mujer robusta, fuerte, sana; capaz de tener descendencia, que es lo que se trata de encontrar. -Yo no deseo una vaca ni una coneja; ante todo, quiero una mujer honrada. Desde aquel momento ya no se habló en casa de los Zualzo de otra cosa que de la boda; en repetidas conferencias se fijaron las condiciones que había de reuniría futura madre del heredero, 3- los tres Zualzo comenzaron á hacer las indagaciones necesarias para el mejor éxito de la empresa. Pablo, que jamás había pensado en el himeneo, bajo el influjci de aquella obsesión femenina estaba enamorado en abstracto, es decir, sin poder fijar precisamente, como Don Quijote, el objeto de sus amores. Pasaron revista los Zualzo á todas las mozas casaderas del pueblo, 3- unas por una causa, otras por otra, fueron desechadas todas; pero Pablo, sufriendo 3 a la comezón del matrimonio, se hubiera decidido por cualquiera de ellas, porque en todas veía algún encanto deseable, y lo único que contenía ir. s ansias era lo que él llamaba garantía de la honradez futura, puesto que á su modo de ver, podía