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SEMENTERA De las galas con que Mayo la ciñera, ya la fiérrase principia á despojar; ya la alegre golondrina pasajera dejó el nido que labrara en primavera y ofro nido y otros climas fué á buscar. Desprendidas sobre el césped que el verán con sus vividos ardores agosfó, deshojadas se marchifan en el llano ias espléndidas guirnaldas con que, ufano, el ramaje de los bosques se adornó. Ya más pronto cada vez el sol se aleja; y ya es grato, junto al fuego del hogar mientras hila, acurrucándose, la vieja, de sus labios balbucientes la conseja ó los cuentos pavorosos escuchar. Ya la niebla con su velo cubre, el valle; ya las mozas con los pliegues del mantón desfiguran el gentil y esbelto talle; ya los chicos en la plaza ó en la calle juegan más al hinca- palo que al peón, ó traviesos á los tordos apedrean que en bandadas asaltando el olivar, al revuelo, codiciosos picotean las sabrosas aceitunas que negrean y se ablandan, comenzando á madurar. L a feraz ¡naturaleza ya sumida en tranquila é indolente placidez, se dijera que reposa adormecida, entretanto que á la lucha interrumpida los labriegos se disponen otra vez. Sol de Otoño que no abrasa el campo inunda con su tibio y sosegado fulgurar, y á la tierra, madre próvida y fecunda, vuelve el hombre, que en su amor eterno tunda su esperanza, las semillas á entregar. Avanzando en línea recta por el llano, á voleo lanza el trigo el sembrador, y al impulso vigoroso de su mano, como espesa lluvia de oro, el rubio grano se derrama por igual en derredor. Y aguijando con ¡os limpios gavilanes á las yuntas perezosas, van detrás el arado conduciendo los gañanes, que divierten del trabajo los afanes con canciones de monótono compás. Y la reja, por el roce ya bruñida, s hunde fácil, sus entrañas sin herir, en la tierra, que esponjosa y removida, separándose á ambos lados dividida, borra el surco, las semillas al cubrir. ¡dobles héroes del trabajo, que hacia ei cie: o vuestros ojos suplicantes levantáis, y feméis que, defraudando vuestro anhelo, hasta el pan que le pedís os niegue el suelo agrio y duro, que con lágrimas regáis! ¡Que el estéril desaliento nunca os venzal Ya las lluvias empezaron á caer, y, acabada felizmente la simienza, en los surcos, aún mullidos, ya comienza la semilla que arrojasteis á nacer. Sin desmayo, puesta en Dios la confianza, con empeño infatigable trabajad; que ese trigo que, anunciando bienandanza, ahora dice en letras verdes: ESPERftNÍZA, dirá lueqo en letras de oro. RE- ñlal DA D M v Mí Jfí v i V- jf