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I iL N T O IvI IJVL JL PstRSONAjEs: MARIOXBTTE, POLICHIXEI. A. A R I E L (Es en el antro de PoUchinda. P O L I C H I N E L A el esposo de Marionette, es viejo y sabio. Estudia, descompone en sus retortas y aclii: harra en sus hornillos esos animalejos fantásticos que viven y mueren en la sangre de la htinian dad, y á los cuales las gentes ignorantes llaman pasiones. Allí están á lo largo de las paredes, flotando dentro de panzudos frascos; allí las negras, engendradoras de melancolías; allí las rojas, madres del crimen; allí las amarillas y las verdes, las que suscitan avaricias y lujurias; allí están las azules y rosadas, las de color de dicha, ciue han venido á la tierra sobre rayos de luna para alegrar las almas. Polichinela tiene el cráneQ pelado y el rostro marchito; cejas y pestañas se han consumido al fuego del hornillo. Odia á sus prisioneras; va sacándolas una por una de los frascos y colocándolas sobre el fuego; y al verlas retorcerse y consumirse, su faz arrugada sonríe, los surcos del rostro suben hasta el cráneo marfileño, y trazan, entrecruzándose, signos cabalísticos. La labor de Polichinela dura desde hace años y adelanta poco. I, a agonía de las pasiones suele ser iarga; las rosadas y las azules mueren pronto, pero las negras y amarillas son tenaces para vivir. Suena una risa fresca y juvenil, que rebota en las paredes del antro como granizada primaveral. Es Marionette la que ríe. Polichinela se estremece, se cubre los oídos con las manos amarillentas, y mira con enfado hacia el rincón donde ¡surgió la carcajada como protesta de la vida en aquel palacio d é l a muerle. -Eres frivola, Marionette, -dice su. mirada severa. ¿Quién sino tú podría tener el capricho de reír en presencia de la verdad? ¿Todavía eres capaz de soñar mentiras, pue. sto que todavía ríes? Ea risa de Marionette se apaga en sus labios. Hace un mohín de aburrimiento, inclina la cabeza y se acurruca en un rincón. Es blanca 5 rubia; su traje es azul, bordado con salpicaduras de plata. A sus pies hay flores; su abanico de plumas aletea con atolondramiento; su espejo ha caído al suelo, y se desespera reflejando sombras; si supiera llorar, lloraría llamando al dulce rostro de su dueña. Marionette ha cerrado los ojos y medita. Como nubes de tormenta, pasan por su frente los pensamientos. ¿Por qué ella, que siempre se ha reído, está en el antro de Polichinela, que nunca se ríe? Cuando entró en la caverna, los bicharracos la dieron miedo. Polichinela la in. staló en aquel rinconciío, el único á que llegaba un rayo de sol, y se acercó al hornillo. Marionette lloró en silencio. Cuando se hubieron agotado sus lágrimas, quiso cantar y reír para ahogar los gritos de los animalucho. que abrasándose estaban; pero ellos callaban por oírla, y Poli- chinela no la dejó cantar. Creyendo amar á su arrugado esposo, acercábase á él para abrazarle; pero B cabeza loca nunca logróenseñarla á medir sus acciones; el aire de sus faldas desviaba las llamas U del hornillo; su espejo descomponía el único rayo de sol y enviaba luces á los rincones. Marionette abandonó las caricias. Xo tuvo penas, porque su corazón no las pedía; pero se aburrió. Puesto el sol, sacaba la cabeza por la boca del antro y cantaba en la noche. Ariel, que en la noche paseaba los bosques para aprender melodías en los lamentos de los pájaros, la oyó y se detuvo, porque el canto de Jlarionette era más melodioso que el de los ruiseñores, y las notas de su canción fueron como nudos de red que api esaron el alma de Ariel. Ella, un amanecer oyó una voz que repetía sus canciones. ¡Un pájaro más! -Cuando llegó la noche, cantó nuevas canciones asomada á la boca del antro. Y. cada aurora, un eco adulador traíale el eco de los trinos que en la noche revolotearon saliendo de su garganta. tina noche cantó; al amanecer no repitió sus canciones el eco lisonjero. I Iarionette lloró la mañana y la tarde; en la noche cantó llorando. Al alba, el eco repitió sus canciones, y había también lágrimas en la voz del cantor. Por eso ríe Marionette: por eso medita, y en la tempestad de pensamientos que como nubes surcan su frente, pasan como relámpagos las notas de la canción; y á cada relámpago nace en sus labios una sonrisa. Polichinela trabaja. Las bestiezuelas c ue se abrasan, chillan y blasfeman. Una nube más negra que