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ANTE EL CLAVE Estaba el clave abicrfo y su mano vagaba por las teclas. Cantaba á media voz una balada melancólica y vieja, y en mi cerebro, graves y sombrías cruzaban lentamente mis ¡deas. De la triste sonata ei apagado y quejumbroso acento parcela llenar la estancia aquella de un suave olor de incienso, como hálitos de vidas que pasaran flotando vagamente en los arpegios. Era la melodía ei ensueño de un músico poeta, inspirada una noche de verano, azul y sonnolienfa. í í K- V- í 1- i. I í J- lalagaba a mi espíritu el quejumbroso son de la balada; yo sentía del músico las íntimas amorosas nostalgias, y fueron despertándose mis sueños en el obscuro fondo de mi alma. Entornando los párpados, vi girar las quimeras de ese mundo que en lo más hondo de mi mente llevo. Resplandores confusos y jirones de sombra que en mi alma ditunden la tristeza del crepúsculo. Es la luz de un recuerdo, que en el altar del alma nunca muere; es una e? (traña música que sólo mi corazón comprende, DIBUJO r E Zfi iEVAN voz que me dice que mi anhelo tras las fronteras de la muerte. Terminó la balada, as notas en el clave se apagaron un solemne silencio religioso se esparció por los ámbitos y mis ensueños graves y sombríos al fondo de mi mente se tornaron. ¿t) uermes? -mi amada dijo con dulce acento de amistosa burla. Duermo, sí- -la repuse, -duermo al suaví arrullo de la música, y tanto me acarician estos sueños que no quisiera despertarme nunca. Acercóse á mi lado, y- -Cuéntame tus sueños- -sonriente, con infantil curiosidad, me dijo. Isa miré espacio breve, y murmuré sombrío y envidioso: Son muy tristes y tú no los comprendes Emilio Cñ R REI E