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Desencanto s mk oY á r e f e r i r una aventura extraña, y peor para quien no la crea- -dijo Silvio á los aficionados reunidos en el taller á adí í, sí. mirar el r e t r a t o del famoso violinista ruso vStepanosld (la rutilación de u n a pelar. brerr. e m b r o l l a d a y rucia, nir. -bo de una carajiraneluda de kalnuico) -vSeguro estoy de que por lo menos usted, an; ig o Vendado, á fuer de crítico, no va á enterarse... ó va á imaginar que se las há con un loco. -Todo pudiera ser, -declaró V e n d a d o considerando severamente, de reojo, la estrambcítica efigie del violinista. -P u e s la persona que me contó lo que sigue es muy seria; la tengo en la mayor est: i i? Ljón. Su ca. be a rige perfectamente; lia. sta pasa por hor. ibrc de talento. -Al grano; á la aventura, -gritaron á un tiempo el sportman vizconde de Zaguer, Pablo Portocarrero el senador, y Julio Iatiár. el vejete restaurador de tablas místicas, jorobado de mucha chispa. La lluvia embestía contra los vidrios del inmenso painel en cristal acto, que daba al taller luz tan clara, como la del exterior; acudían á la imaginación perspectivas de barro y humedad, de calles enlodadas y paraguas tensos, con un chorro en la punta de cada ballena; el enorme tiraba bien y suministraba un calor grato; las mesillas portátiles se encontraban surtidas de galletas inglesas, pastillas de chocolate, dulces, botellitas de curasao y la bouillotte gorgoriteaba. Y cada cual pensó: -Silvio, guapo muchacho! es muy soso, y más valdría qiie dejase en el uso de la palabra á Matián; pero resignémonos. ¡Fuera, ni los perros! A esta hora no hay donde meterse... -Sepan ustedes- -empezó Silvio después de trasegar TUI vaso de ponche y tosiquear- -que mi héroe, á q; yen no nombraré, vivía tranquilo... tranquilo no, al contrario: tranquilo sólo en apariencia, y en realidad muy preocupado por el deseo de ser algo, de marcar huella de su paso en el mundo. -La tema de todos, -observó desdeñosamente Zaguer. -La tema de todos, es verdad- -confirmó Silvio. -Con la tal tema sufría ba. stante, y le dolía la cabeza frecuentemente, porque no cesaba de cavilar en el modo de sobresalir entre sus contemporáneos. na parte de su gloria. Por adquirir lama, capa cortarse la mano derecha. Tiempo perdido; su labor se parecía á la ajena; pero ¿en qué podía consistir que lo celebrado en otros pasase inadvertido en él? ¿Por qué si tomaba de cada cual lo más exquisito- -de éste el estilo, de aquél los conceptos, de Zutano la desenfadada ironía, de Mengano la insinuación sutil, y frases de cada cual, ju. stamente las que habían abierto surco ó levantado ampolla, -por qué, vamos á ver, de lo suyo no hacían maldito el caso? i- iabioso ya, mi héroe cobró antipatía á la vida contemporánea, y en requerimienro de algo diferente de lo qué por hábito nos atrae, se dio á leer y estudiar autores de golilla; luego, de sayo y capuz; libros de caballerías... -J o que no parece- -interrumpió Matián, -es la novedad y extrañeza de la aventura. -Ivspere usted... Xo todos podemos contar las cosas con esa viveza! MÍ héroe, que tiene la buena, condición de ser tenaz, ó mejor dicho perseverante, se engolfó en sus lecturas con una con. stancia digna del ngenioso J iíin i; o. En bibliotecas de aficionados maniáticos desenterró ejemplares de las novelas de caballerías que más escasean, y ha. sta manejó el único y precioso de JVmiiíc rl Blanco. Esos libros. (jue nadie lee... no los lee nadie... Pero el que se determina y los lee, no acierta á leer otra cosa. Mi héroe se enibelef: con las valentías inauditas y las acciones estupendas y brillantes; se entusiasmó con los amoríos y lances de fortuna: se le llenó la cabeza de estrépito guerrero, s i l b o d e fendientes, botes de corceles, acordes de laúdes, enormes siluetas de gigantazos; y tanto pudo con él esta singular locura, que un día se despertó caballero andante hecho y derecho... -El arti. sta abusa: nos está colocando el Quijote, -declaró Portocarrero, sirviéndose una taza de puro Pao- King, y varias galletas saladas, legítimamente británicas. -Nada de esa... Pls que no me dejan ustedes hila r nr copo. Paciencia. D Quijote se creía caballero