Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
¡Compañero mío er dueño de tó esto... ¿Ya para qué quié más. paraíso? -pensaba el rabí. D. Abraham salió deseguida. Era tó un rial moso, y estaba véstío como un figurín. En cuántico dicó á Sabulón, se fué derecho á él y le besó la mano, jasiéndole sentar luego en un sillón que paresía niisinam. ente er trono de los reyes magos; después le dijo: -Ya hace años que sé yo de su mucha siensia y virtudes, antojándoseme aún poca la fama que va á todas partes delante de su mersé, como la Guardia sivil en las prosesiones. ¡Ay, quién pxidiera añadir á mis parneses uno solo de los muchos méritos de su presona, como quien engarsa un rubí en un aro de carderiya! Pero yo enjamás he desconfiao de la misericordia de Dios. -Bueno e. stá eso, pero tampoco hay que echarse el alma á la esparda- -dijo el rabí, -y su mersé se regodea más de la cuenta en esta vida pa mereser la gloria. -De moo y manera que su santiá me cree casi perdió. -Mercándose el billete pa su condenasión eterna si no se arrepiente deseguidá y toma por otra verea más estrecha. ¿Cuála? A responder iba Sabulón, cuando entró en la sala el lacaye de antes di. siendo que una probé pedía hablar con el sefior. ¿Por qué la hisiste aguarda? Que entre deseguida, -mandó Abraham. -Vamos, por lo menos no es orgulloso, -oservó el rabí para su túnica. La prohe entró en la sala Hora- ulo y quiso besarle los pies al fuxio. mientras clamaba: ¡Señor, por f. -1 V j jr j í. Marín Sar. tísir. i. í, ve jranc. fsa a mi único hijo! ¿Qué le pasa? ¿Nesésita dinero? ¡Pide lo que haga farta! -Yaya, también es caritativo, -gorvió á murmurar Sabulón. -No son riquesas las que puén sarvar al hijo de mis entrañas. ¿Pues de qué perese? -De mal de amores. ¡Acabáramos! -Quería -quiere con las entretelas der corasón á una mosita de su mesma clase; los padres de dambas partes éramos mu gustosos de la boa, cuando er mardesío interés metió la pata. Los que iban á ser mis consuegros, deslumhraos por el parné de un señorón que está loquito también por la mujchacha, se la ofresieron, dejando plantao á mi hijo. ¿Y él como se llama? -Manases. ¿Y la novia? -La novia, la novia... (La viejesita no se determinaba á desir er nombre. -Vamos, dilo sin reparo. -Señor... se llama, se llama Rebeca, la hija de Jacob. -íRebe... ca! -repitió el Justo dando un gemío; y se le puso la cara más pajisa que las floresiyas del aromo; aluego se tambaleó, y agarrándose á una tinaja de china que tenía á la vera, la dejó caer al suelo jasiéndose tiestos, y si el rabí no le echa mano, el probé señor viene también á tierra. Como estautas se quearon los presentes. Aluego Abraham se sacudió, ni más ni menos que si le acosara un avispero, y descubriéndose la ccara, que tenía tapa con dambas manos, la probé muje y el rabí vieron que había llorao, y si hubiese