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EL GOMPANERO EN EL PARAÍSO (Variaciones solire iin teoia aatipísiiso) V E I N T E anos hace subía yo de Granada al Sacro- 2 Ionte, dándole molinete á la beca roja, cuando la tía Norica se me vino encima chancleteando. -Áspera una miaja, resalao, que voj á desirte la buenaventura; no me desaires, moreno, que me da el corasó. n que llegarás á cardenal. -Bueno... déjese usted de pamplinas, j- venga un cuento de los elegidos. i- ¿Lo cjuieres verde ó lila; de amoríos ú de en- I cantamieutos; de ladrones, de moros j crüstiauos: -Lo quiero de... judíos, y con miga. -L no sé, que viene á esas condisiones como la tumba i al deo; escucha: Tres duros y medio contaba el rab íiabulón... -Por los ojos de tu cara, no me cjuiebres el hih cuento. ¿Que no sabes tú lo que quié isir rabí... Pus ei que tiene rabo y largo. ¿Quién inora que er jopo es lo que distingue á los judíos de los cristianos? Sabía más mi rabí que Salomón, Merlíu, Lepe 5 Le ij y como también era bueno á carta cabal, estaba seguí o tun. gloria. i, Pa que le tomes bien er gusto á toíto er sentir der cuento, sa menester que te enteres de que los judíos creen que los bienaventuraos están en el sielo como los poencos cuando van de montería: por traillas, de dos en dos, y cjue Dips le da tm cacho de gloria á cá pareja pa que se la reparta. Pues bien: cátate que á Sabulóii le entró una curiosiá mu grande por saber quién sería su compañero en el Paraíso. Entrarle aquella comesón y redoblar ayunos, penitensias y cavilasiones, fué tó uno, hasta quearse el infelís tan escuchimisao, que podía bañarse en un arfiletero. Por fin, una madruga se le aparesió una visión más hermosa que las peluconas, y le dijo: ¿Sabulón: tu compañero en er Paraíso será Abraham el Justo de Ihu- selonaeí- ¡No lo oí mentar en toíta mi vía! -pensó el rabí, figurándose al Justo ii o una castaña pilonga, quitándose el porvo de las sandalias con las barbasas nevás y pasando la vía entre disiplinas y libroíes. En er coche de San Francisco, j- echando seis semanas en er viaje, se plantó Sabulón en la capiíá de Cataluña, 3- como preguntase á un mosito, también judío, por el Justo, le respondió aquél con mucho respeto: ¡Pero, padre mío! ¿qué tiene su mersé cjue ver con semejante tipo... ¡El Ju. sto. lAvi Así le viene e. ste nombre á Abraham como á nuestro padre Moisé un miriñaque. Sepa su mersé que el tal es nn granuja; la da de judío, y es más malo que la peste negra; nunca entra en nuestra igle. sia, y come los má. s. de los días jamón y butifarra. ¡Qué tal dijiste! A Sabulón se le encogió el rabo (en el que podía haserse siete núos, y aún le sobraba) hasta queársele del tamaño de la coletilla de un torero. ¡Valiente punto iba á ser su camaraíta en el Paraíso! Pero había C ue sersiorarse, 3 el rabí tiró pa la casa A r Justo, cu 3- as señas acababa de darle er mosito. ¡Maresita mía, qué palasio! Vaníos, si no pué s e r s murmuraba Sabulón desidío á najarse de allí, caíos los palos der sombrajo, cuando un laca 3- ón, bordao de oro, lé atajó pre. guntándole con mrr, -búlenos moos qué se le antojaba, y sin ponerle ninguna dificurtá lo metió hasta un salón rnanífico atestao de riquesas. m