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M O N U M E N T O S ESPAÑOLES U COLEGIATA DE CERVATOS I os viajeros que van á Santander y que fatiga dos de la aridez de Castilla reposan sus ojos en los primeros valles risueños de Cantabria, apenas tienen tiempo de advertir entre las estaciones de Pozazal y Reinosa, y en medio de espeso monte, un pintoresco y fiero pueblecillo, cuyas casas trepan zancajeando unas sobre otras, dominadas por gallardo y elegante edificio que parece sentado en el recuesto de un pelado cerro, incorporando la cabeza, que es la torre, para mirar con desdén á las casas y á los prados, al carcomido puentecillo y al riachuelo, como miraría un guerrero ó un abad de la Edad Media á la turbamulta de gañanes y pastores. Si en algún aoartado rincón de España puede el viajero sentir la impresión completa de que se, ha sumergido por arte de encantamento en lo más hondo y obscuro de la Edad Media, ese sitio es el pueblecillo de Cervatos. Al acercaros á él, J 4 f I TORRE DE LA COLEGIATA por un lado veréis el bosque prieto, los árboles t zie no han c imhiado; por otro. Una gaya y verde pradería, donde pastan en bucólica mezcla toros y borregos, yeguas y muías, aira y vacas; tampoco esto ha cambiado. Preguntáis á una zagalilla por dónde habéis de subir hasta la Colegiata, y hablándoos con la deliciosa agridulzura de las serranillas de Santillana ó de las vaqueras del VLSTA r. KXI i COLIÍGIATA Arcipreste de Hita, os indica la conveniencia de trepar casi a gatas por una costanilla que sube allá entre aquellas lastritas y os lo dice ablandando las clles y arrastrando coa no sé qué tonillo melód. ico y musical lo finales de las frases. En medio de la cuesta hay una fuentecita de clara y fresca linfa. Otra mozuela dulce os ofrece agua en su cántaro con palabras y modos como los de Rebeca. Al acercaros á la Colegiata, os asalta una turba de treinta y tantos chiquillos con las greñas rubias ó morenas, todas enmarañadas; os miran abriendo unos ojos como platos y unas bocas como soperas, y con amabilidad ejemplar os conducen á casa del señor cura; allí hay un perro medioeval que amenaza despedazaros; por fortuna, sale una afable y simpática señora anciana, la madre del párroco; os da las llaves para visitar la iglesia, os sonríe, os ofrece un cuenco de leche, roscos de boda ¡guales á los que se hacían en tiemno de D. Fruela I. Ya llegáis á la Colegiata venerable... Es sencillamente una maravilla; pocos edificios hemos visto de tan armoniosas proporciones, de tan agradable coniunto ni de tan extraña y rabele CAPITELES LATINOBIZANTINOS DEL ÁBSIDE