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-Ya verás tú si consigo ú no consigo acotar mi jaza; ya verás tú cómo á ese hombre lo inutilizo yo más pronto que se dice; ya verás tú cuando yo le dé una puñalá ú él me la dé á mí, como no hay casorio posible; ya verás tú si me salgo j o ú no me salgo con la mía. Y no pudo proseguir el diálogo de los dos viejos amigos, porque en aquel instante penetró en el patio Toña la Pinturera, confirmando su mote con sus tentadoras gallardías, y luciendo su pelo sedoso y de un rubio pálido, su semblante entrelargo, interesante y algo enflaquecido, sus facciones delicadas, su tez de intensa blancura 3 sus ojos de verdes matizaciones y de expresión triste y apasionada. II Acababa de sonar la última campanada de las nueve, cuando penetró en la calle donde el Cantimplora tenía sentadas sus reales, Juan el Cacaratusa, luciendo sus hechuras, su ca. sj flamante indumentaria y su semblante de tez morena y t e r r o s a frente despejada 3 llena de precoces fruncimientos, de facciones regulares, barba obscura, sonrisa abierta y sugestiva, y conjunto, en fin, tan varonil como simpático. Y llegó Juan á la reja, donde j a le aguardaba impaciente 3 asustada la Pinturera, 3 díjole á ésta, deteniéndose ante ella, y echándose hacia atrás el a m p l í s i m o pavero: -Que Dios bendiga á la reina de las mujeres 5 de este probetico desamparao de la fortuna. -Que nos bendiga á los dos y le quite á mi padre tó sus maullos pensamientos es lo que sá menester, -repúsole Toña mirando al Cacaratusa. con apasionada vehemencia. ¿Qué maullos pensamientos pué tener tu padre, si tan sólo por serlo tié que tener e corazón grande como mis quereles y dulce como tu l i í- i! boquita granate 11 5 í ¡í -yí y- 1 corazón grande y bueno; pero cuando dice que no li -J Í y quien lo apee de su montura; y aluego que las gentes i i í tién víboras por lenguas 3 alacranes por pensamientos, 3 parece que s ¡jf. -L jgg pagan y las condecoran por jablar mal de ti, por decir que eres peor que la cangrena. -Pos 3 a se cansarán tos de darme con los espolones; 3 a se convencerán de que yo soy güeno desde la raíz á la pámpana, 3 de que te quiero más que á las niñas de mis ojos, 3 de que robarme tu calor es robarme la vía. ¿Y quién te va á robar á ti mi calor? -exclamó interrumpiéndole Toña con acento apasionado. ¡Quién te va á quitar á ti el calor mío, si te tengo colgao der corazón, como la Virgen sus milagros; si te quiero tanto, que lo que pa mí en otro sería una hopa, en ti fuera una túnica de terciopelo; si cuando pa matar mis quereles me dicen que eres peor que el cólera momio me parece que jasta el cólera mornio debe ser güeno y dulce 3 dirno de que lo quieran? -Sin duda debe estar Dios ahora mu ocupao, cuando 03 éndote no ha venío á darte un beso en la boca, -dijo con acento vibrante nuestro protagonista, al par que con sus manos férreas 3 atezadas magullaba las blancas y pequeñas y mórbidas de la mujer querida. -Güeno, Juan, güeno está ya, y vete, vete y déjate de eso, que 3 a están los vecinos quitándonos tiras de piel, y 3 0 no sé lo que va á pasar cuando mi vato se entere, que se enterará, de que tamién hemos platicao esta noche después del jollín que me armó esta tarde antes de largar la vela. ¡Más esazones! -exclamó sombríamente el Cacaratusa mordiéndose los labios; -3 a cá nueva esazón que te dan es una nueva púnala que me pegan, y 3 a se me va gastando el seguro, 3- el día menos pensao te trinco por un festón y te llevo á la sacristía, 3 entonces veremos á ver quién es el guapo que es capaz de toser fuerte á tu vera. -No, eso no; eso sería una campana, y eso sería darle la puntilla á la probé que me eclió al mundo, que á la probetica de mi corazón la tengo enferma 3- se está mirando en mí, 3 como ella no se pué valer, 3- 0 S 03 sus pies 3- sus manos 3- el espejo en que se mira; ¡pos si no fuera por eso! -Güeno, pos pasencia, que más largo es el tiempo- que la fortuna, y por ganarte á ti soy j o capaz de facer la mar de primores.