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tros viejos, al flaco Demóstenes, al gordo Cicerón, al nervioso Eurípides, al elegante Menandro, al padre Homero. En el grandioso s a l ó n del centro, en cuyo techo pintó Jordán una de aquellas aéreas nubes de figuras humanas que él arrojaba pródigo y d e s c u i d a d o por plafones y paredes, preside é impera sobre todas las figuras la ideal, la bellísima, la arrogante Victoria de Samotracia, que vuela, triunfa y domina como el genio de de Reprodúcelo copiar las clásic tatúas, á recibii las alas de la sa Victoria el bau del arte. Por entre la sei ena é inconmovible majestad de las estatuas inmortales se infiltra y discurre la s u a v e alegría de la mocedad enamorada d e l arte. Es u n espectáculo delicioso la contemplación del esfuerzo paciente, de la tensión I. N EL GRAN SALÓN CENTRAL de los ánimos juveni les aplicados al estudio de líneas y masas, de los eiatusiasmos súbitos y; délas tempranas desesperadoncs. FOTOGRAFÍAS MUÑOZ DE BAENA