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guardar; ahorra hasta los suspiros; conoce mis rentas; hace números, pero no como tú y como yo, sinc como un cajero del Banco Hipotecario. Tía Agustina dice que es una mujercita de su casa. ¡Bueno, pues para otro! ¡Que haga feliz á un retoño de Shilock ó de Torquemada! Avisa á los amigos. -C. Diciembre i OI. M buen amigo I, Perdona mi ridicula actitud de esta tarde. DiscúljDame; estoy enamorado, estoy celoso... He creído que Carmen te miraba y que os reíais de mí. Carmencita me atormenta. Creo que m e adora y leo en sus ojos una pasión ardiente; pero lo malo es que si dejan, de mirarme á mí para mirar á otro, sigo leyendo el mismo ardor y la misma pasión. Vuelvo á rogarte que meperdones. Poco á poco voy á hacerme odioso, porque sospecho hasta del aire que respira ella. Ahora mismo lehe acompañado hasta su casa. Iba- con nosotros su primo Nicanor, ¡tan feo, tan viejo, tan calvo! Pues meh a costado un triunfo no empezar átiros con él en medio de la calle. Esto debe acabar, ¿verdad? -C. V Querido L. Ven á verme. Estoyenfermo en cama. Necesito contarte... Ahora no dirás que soy yo. Elvira m e h a despedido violentamente. ¿CómO voy á volver á su casa si me ha dichocosas que no debe oir dos veces u n caballero? El último jueves estuvoCarmen en la reunión y se mostrómás expresiva que nunca. Casi se la saltaban las lágrimas al hablarme, y si no hubiera sido por el amor de Elvira nos reconciliamos. ¡Dios santo! ¿Para qué hablé con ella? Elvira cayó sobre. mí como una fiera. Ven y hablaremos; necesito consejo. -C, VI Viena, Septiemire ig 02. Querido E- ¿Te acuerdas de lo q u e me decía en el colegio aquel pasantefilósofo que hoy vende décimos delotería? ¡Usted piensa las cosas demasiado! ¡No hará usted nunca nada, de provecho! Pues es verdad. Aquíi me tienes huyendo de mis remordimientos. Reñí con Elvira, ¡tan bonita, como es! ¿verdad? ¡Con aquella cabellera rubia y aquellos ojos claros! Luego con Magdalena porque estabat consumida de envidia y no se ocupaba sino de las cosas ajenas. Luego, con Laura, que era una reina mora perezosa y gulusmera... Y sigo en, busca de la mujer ideal y correré eL mundo entero hasta dar con ella. -C. VII París, Mayo ig 03. Mi amigo y compañero del alma: IMe he casado. Pregónalo. ¡Don Céfirose ha casadol La conocí en la Embaj a d a de Viena. H a nacido en Hungría, pero es de sangre española. ¿Mepreguntas por la mujer ideal? ¡Que la. busque quien quiera! Mi mujer es mujer. Si quisiera e. ítudiarla bien, vería que no es menos soberbia- que Elena ni menos tacaña que mi p n m a Lnz. Me desespera como Carmencita, se exalta como Elvírai y se parece en muchas cosas á Laura y á Magdalena. Los pecados capitales me parecen pocos para ella. Pero amigo mío... antes no era vo un novio, sino un moralista. Y ahora la disculpo todo... porque; la quiero. -C. Por el franqueo, L U I S BELLO DIDUJOS DE ESTEVAN