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UN C U E N T O EN S I E T E POSTALES bOS AMOKES t) E DON CÉFmO A la señorita L. R. X encantadora amiga: Para que murmuréis el jueves, voj á darte una gran noticia: Don Céfiro se ha casado. Cortadle cuantos trajes queráis: ya no se puede volver atrás. Del nombre vulgar de Ceferino vosotras habíais hecho el de Don Céfiro porque iba susurrando amores y no acababa de fijarse nunca. Le ha dominado una húngara, no de esas que van por los pueblos con los caldereros, sino una señorita muy discreta y muy linda, digna de llegar á ese coro de ángeles en que tú llevas siempre la batuta. Cometiendo con mi heroico amigo un abuso de confanza, ahí van para t u colección las tarjetas postales en que me hablaba de sus siete últimos amores Después de todo, una tarjeta postal es casi un documento público, y un hombre que se enamora tantas veces no tiene derecho á nuestra discreción. Tu amigo y siervo. -X. Juíiio, igoi. Amigo Luis: No contéis conmigo para nada, ni esta noche ni nunca. 131 ena no quiere que vaya á ninguna parte. Me domina; estoy atemorizado. Cuando no la veo intento rebelarme, pero el rayo sereno de su mirada me aprisiona. ¿Qué haré, Dios mío, para librarme de esta tirana? Te advierto que como me ve tan fiel, me desprecia: lisonjeo su amor propio, adulo su orgullo... Ella cree que todo se lo merece. Es una mujer soberbia. Ya no la falta más que mandarme álos recados, y lo peor es que si me manda iré. Compadece á tu amigo. -C. Vi ¡lavara y Octubre, igoi. Querido L. Mañana vuelvo á Madrid en el expreso. He roto con mi prima Luz. Reñí con Elena por tirana y orgullosa y soberbia, pero esta niña de la apacible aldea me espanta. No piensa más que en