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LA VANIDAD Sra cosíumbre del pueblo qus los ediles llevaran sn la procesión del Corpus recia y larguísima caps, y aun cuando el sol con su lunibro las campiñas abrasara, haciendo cal de las peñas y vapores de las aguas, envuelíos en su pañosa, que al foóillo les llegaba, con su esclavina de á melro y su cuello de á dos cuartas, lucían los concejales su autoridad resudada, incubados por sí mismos bajo el peso de su carga. ¡Cuidado, Juan, que lapisac ¡Jlfo le bajes, que la arrastras ijfo te muevas, que la arrugas i Que la rozas; que la manchas! ¡Jío acerques la vela, Juanl ¡Cuida esa prenda de mi alma, que vale más que una yunta y no he debido prestártela... S) e este modo hablaba el hombre, para que nadie ignorara que á Juan había prestado ¡a pañosa que llevaba. Sucedió, pues, que en el pueblo dieron de alcalde la vara a Juan, que, en vez de pañosa, tenía una lumilde manta; y para no quebrantar aquella costumbre clásica é ir presidiendo el Concejo en la forma acostumbrada, pidió a 2l as, llegado el Corpus, que le prestara su oapa. ¿Pensólo Slas, y... aacedió; mas ¡ayl al ponerse en marcha la procesión, Blas a Juan se pegó como una lapa, exclamando á cada paso ante todos y en voz alfa: D I B U J O DE E S T E N A? í MI año siguiente, Juan á Siamón pidió la capa, afeando la conducta que con él 2l as observara, y Slamón, que de rumboso y liberal se jactaba, sin ponerle condiciones, la capa le dio prestada; pero al salir de ¡a iglesia con su abrigo y con su vara, Juan vio que tras él Slamón con otros varios llegaba y que á voces le decía: -Jl mí no me importa nada que se estropee; soy rico. Llévala con más confianza. Mo cuides de que te arrastre; no pienses en que se mancha; no te aflija si se arruga; no te inquiete si se abrasa. Zodos saben en el pueblo que tengo más de dos capas, y que así como las presto soy capaz de regalarlas, Zanto este necio de Juan abusó con su jactancia, que éste se quitó la prenda y se la dio enhoramala, diciendo con torvo ceño y la voz avinagrada: ¡Para ir en berlina, voy más águsto con mi manta a española vanidad nos sale siempre á la cara, con honores de rumbosa ó ribetes de tacaña, RAFAEL TORRÓME