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5 V -Í- LAJ At 1 fr f 4 t íf i- KnÑ í í f C? fe -i- -Hombre, según y cómo. -Por sus dineros justos y cabales. Í f -Eso es ponerse en razón. -A ver si Dios nos juntó para algo. Dale una vuelta. Trota ese jaco. i Mientras el uno lo trotaba llevándole del ronzal, el otro, q- de era el del cinto, hacía gestos despreciativos rebajando el género. -Móntate- -gritó Juanón. -Métele un poco el calcañar y abanícalo. ¿Ve usted? Ahora sí que va primoroso. Un vaso de agua que llevara encima no se le derramaría. Vuelta para acá, vuelta para allá, andaba la triste bestezuela por el claro en desacostumbrado ejercicio. -Con uno, mal que mal; pero con dos... -dijo el tratante. ¡Cómo con dos! Ahora mismo se sube usted: ¿pues no venimos dos? Alza; que me dé usted ese pie... ¡Arriba! Y lo subió Juanón como si fuera una pluma. Repicaron de talón los dos compradores y trasjjasaron en la prueba los linderos del claro: metidos ya en el pinar, no parecían desear volver grupas, sino que animosamente empujaban para alejarse. ¡Eh, eh... amigos! Sí; buenos amigos nos dé Dios. ¡Que se van... que se 3. s guillan! ¡Y que se llevan las alforjas y en ellas el dinero! -rugió el compadre Antonino. Nada: que se fueron; y he aquí á los dos compadres á pie, sin dinero, en medio del campo, mirándose á la cara como dos idiotas. Llegaron ya de noche al pueblo, fiados en el cristiano mandato de dar posada al peregrino, pues si no se la dieran, ellos no podrían pagarla si no es con el pellejo. A la posada llegaron, y allí fué el contar y el llorar y el desearse la muerte... El posadero acudió manifestando que dos caminantes que iban á pasar la raya habían dejado pagada la costa de otros dos que vendrían á poco, dejando cierto encargo para los tales. Y al punto sacó la albarda del jaco y la jáquima de cañamazo. Por este medio identificadas las personas, comieron los compadres lo que les permitió la cólera del chasco, y al otro día, cargado Juanón con la albarda, que parecía hecha para sus propios lomos, y llevando el compadre la jáquima ya inútil, tomaron la vuelta de su hogar, al que llegaron al cabo de cien tempestades y desdichas. AI entrar en su casa dijo Juanón: -Ya no hay aquí más bestia que yo. Aquí traigo jáquima y albarda, y si me falta la cola, tú puedes ponérmela, mujer mía, que la llevaré con gusto y hasta haré que los chiquillos me tiren de ella según lo merezco. Aquí acabó, aquí paró, aquí dio remate aquel Juanón que tú conociste en días mejores. Y á buena cuenta que soy bestia no codiciada de ladrones, ni que, salvo el compadre, ninguna aventajará en servir á Dios según sus fuerzas. Y loco perdido, acabó sus días el noble Juanón pidiendo á voces la albarda y losdemás adminículos del oficio. J o s é NOGALES DIIJl- JOS DE MÉNDEZ nRIXGA