Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
eg- aS NEGOCIO KEÍ) 0I MÍ) 0 J- -íe- UANDO el excelente Juanón salió al corral con ánimo de dar á sus animales el tiltimo pienso de la noche, se quedó más frío que un carámbano. Trabados los dejó, y ni trabados ni libres parecían. Fuese hacia la pueita desalentado, y hallóla entreabierta y el candado por el suelo. Aquí fué Troya! Con angustiosas voces de espanto llamó á la familia, á los vecinos y á todos los santos del cielo. A medio vestir acudieron los de casa, y al enterarse del robo- -que no otra cosa decían las s e ñ a l e s alzaron tal alarido y escandaloso llanto, que el mundo parecía hundirse. Los vecinos, de. spertados súbitamente, fueron llegando, unos por las bardas, otros por las puertas que á la sazón abrían, y era cosa de ver el senado que sé- juntó á la vera del pozo, á la luz del farolillo que llevó Juanón y de oti os que traían los visitantes. Tres veces registraron el corral y sus anejos, parte por parte. Al fin, la triste realidad se impuso, y mientras la tropa menuda llamaba con dulces dictados á las fugitivas bestias, las personas graves celebraron consejo, del que resultó que por lo pronto se llamase al comfiadre Antonino, que era hombre de ciencia y experiencia, y se fuese con el cuento al cabo de la Guardia civil, cosas entrambas m u y oportunas y convenientes. A empujones nietieron á Juanón en la casa por temor de que se echase al pozo, que para tal disparate estaba, y allí volvió el duelo á recrudecerse á la vista del almud colmado de grano, que ya nadie se comería, á no ser que Juanón apechugase con él en una de sus desesperadas acciones. Casi á la vez llegaron el cabo y el compadre. Enterados muy al pormenor de todo lo que sucedía, vinieron en conocimiento de que dos días antes un forasteroique se decía lañador vino á tratar con la Petra la compra de dos cuartillas de maíz. Sacó el tal conversación de perros, de si había ó no había muchos en el contorno, y la Petra, inocente, contóle cómo seis días antes murió la perra que guardaba el corral de mal de alfileres; que hay vecinos tan malos, que por no sufrir de noche el ladrido echafi zorazas, que es pan con alfileres dentro. En fin, el lañador se fué bien instruido de cuanto le convenía; y por más señas, que salió al corral con justificado pretexto, y ailí tomaría razón bien á sus anchas. A Juanón se le pasaron ganas de estampar el almud en la bien jgoco sentada cabeza de su mujer; ma. s, como hombre prudente, se contuvo, plañendo largamente el garbo de la muía torda y el cabnoso y formidable arranque del macho, pareja envidiada por muchos labi adores. Por orden del cabo, salieron á reconocer la callejuela. Ning una huella vieron. -Eso es que les han amarrado trapos en los cascos, -dijo el avisado compadre. Ya venía el día clareando, y el cabose fué con la pareja á practicar cuanto fuera preciso en la indagación de aquel audaz delito, el que más conmueve y solivianta á la gente labradora. Entonces tomó la palabra el compadre y dijo: -El que tiene, mantiene, y no siempre como conviene. Ni el corral debió quedar sin perro, ni la comadre tuvo para qué meter ladrón en su zarzo; y del mal e) lenos que el jaco se libró de este terremoto según veo, y debe á estas horas pastar en la cerca, sin