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¡sgamsíi ssgBi CROQUIS A M E R I C A N O S J- l ASTA hace muy poco tiempo no ha disfrutado Haiti de relativo sosiego; aquel país ha podido definirle alguien como una sartén de aceite hirviendo, en la cual hay siempre dos generales y dos ejércitos resueltos á hacerse añicos Hoy, por fortuna para Haiti, preside la República un venerable anciano. lPÜÍ PLAZA DEI- MEECADO Y CATEDRAL el general Nord, que es el decano de los jefes de Estado, pues, según parece, anda cerca de los noventa años. Muchas atrocidades é inenarrables horrores ha presenciado en su larga vida ei presiuente, y es de suponer que su voz paternal se dirija á los ciudadanos de Haiti recomendándoles por fin la calma y la benignidad á que no están ciertamente muy acostumbrados. Si tales consejos se les dan y ellos los siguen, Haiti llegará á ser un Estado de primer orden, pues su territorio nada tiene que envidiar al de las otras Antillas por lo que hace á las riquezas naturales. Entonces, la capital, Puerto- Príncipe, quizás llegue á ser una ciudad magnífica, aun cuando á ello se opone la estrechez de su puerto, que no da abrigo suficiente á barcos de gran calado. La población actual de Puerto- Príncipe se compone casi exclusivamente de negros; hay algunos blancos extranjeros y del país, pero claro está que éstos constituyen una exiguaniinoría. Algunos etnólogos- que han salido ahora con la tecla. de que en Cuba existen indios, esto es, descendientes de las razas indígenas que descubrió Colón, pretenderán quizás que éü Haiti se conservan restos de la %1