Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL VERSOLARI Jiñas hacs, esfe mismo sendero que á mis ojos oaulfa ¡a niebla, era largo... muí largo; pasaba rasando mi aldea, y paraba en la mar, y las olas rugienles y llenas, desde aguí se veían. -Como ahora. ¿Muy cerca? -Muy certa. ¡Suena vienel- -iJfo veo! ¡ya rompe! a ve? -Xo; es fan densa la bruma... -Los ojos, abuelo. -2i en dices; llore mucho; las lágrimas ciegan. Jlqui había un valle... -Surmendi. -Sieauerdo sus viejos nogales, su hisfórica iglesia. ¡Zan alegre! -Se hundió. -Como lodo. So mi írisfe pasado... ¿qué queda? Jlllí esta n la ría de ondas furbias que trae la marea, aon los negros lanchónos que fio fan garrando sus cables con nafas siniesíras; la calle enlodada, los porches ruinosos, la plaza desierfa, y a los rayos del sol amarillo, cansado reflejo que alumbra ¡as pserfas; las mujeres, tejiendo en las redes las framas deshechas. ¡Jldelantel Mis ojos son viejos, las caras son nuevas, y afañilas miran al hombre que pasa forastero que vuelve á su fierra. ¿Qué dice el abuelo? -Mooifo, pensaba en cosas perdidas. ¡Mal hace el que piensa! S ¡e los vienios del mar abrigado por el cárdeno moníe que enseña sus velas rojizas, al sol que se pone, se ve el santuario fallado en la piedra; ni gruesos pilares, ni góticos frisos decoran sus puertas. Slos olmos gigantes su sombra le prestan; las olas le envían su incienso salobre, su ruido acompaña la voz del que roza. 3 e frente, en la plaza que los recios castaños sombrean, al son del aurresku, los jóvenes bailan; murmuran las viejas. M, rt f. f vulr Tfin. i hrtr ¡i