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para cada c e l d a como una dicha para cada vida, -guardan el acre aroma d e l misticismo q u e huyó. Cuéntase que después de la exclaustración quedó allí un fraile único, guardián del convento, y h ace muy pocos años murió. Y es cosa á mi entender de soberana y recóndita poesía el vivir de aquel monje solitario en el claustro vacio, en la iglesia callada, sin incensaciones y sin salmos; y pienso que más triste que el rey David salmodiaría el mísero la infinita amargura de las c o s a s ue fueron y ya n son. Bien creo que al morir vJiL c, V r T fi j 1 1. ¿2 ETALLE DEL PAIS. 4 JK -d nionje, volóse al cielo la paloma blanca, genio de aquel verjel de santidad. Hoy es la santa casa, grata residencia v e r a n i e g a Buscando la frescura del valle, vánse á la sombra de la Peñalara no pocos cortesanos amadores de la Naturaleza: risas de niños suenan donde otros tiempos a l e t e ó el silencio m o n a c a l y las flores místicas tienen para cortarlas manos juveniles. En el gran refectorio, bajo el pulpito ya vacío del lector- -joj a de ai te escultórico- -hacen siis refacciones veraneantes y turistas; y por cierto que causa grande tristeza mirar en las paredes, hoy desnudas, ías huellas de los cuadros, dícese que magníficos, que en otro tiempo la. s decoraron. Por lo demás, el monasterio se conserva intacto: la iglesia luce su tesoro de mármoles limpios y claros como el día en que salieron de mano délos artífices constructores, y su magnífico altar mayor de piedra de Genova, y su tabernáciilo, maravilla para los E TR. D. DEI, MONASTERIO ojos que lo ven. Y tiene amables matices de ensoñamietitó el vivir asi, siquiera sea unas cuantas horas, en el corazón de la sierra, bien cerca de un río sonreidor, á la sombra de un monasterio edificado por la piedad de un rey en honor de la Santa Virgen María. G. MARTÍNEZ SIERRA FOTS. DE VICTORIAMO M. SIERRA