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Cí valle k Lozova V d íDonasferio M Paular p s este valle del Lozoya como una herida abierta en la montaña. Hendidas las rocas negras y musgosas, dejan ver profundas cicatrices color de ocre, y las aguas del río van por el fondo de los calosos saltarinas y ruidosas, haciendo espu- gas; el mtisgo multicoloi que las t a p i z a apena, acierta á velar su desnudez. Por donde quiera haj marañas de zarzas que se arrastran pomposas y opulentas como mantos rea les; los árboles, encinas j chaparros son de fronda sombría, y riman de tal modo sus matices con e color del peñascal, que di lejos parecen las vertientes estar desnudas. El caserío se disimula eu las LAVANDO EN EL LOZOYA hondonadas, porque cercas y muros, hechos están á la manera ciclópea, con fragmentos de piedra sin pulir. La nota bucólica es soleniue. Unfundado el pastor en sus calzas de paño pardo, coiiduce lentamente el rebaño de cabras, vestidas como él de sayal; á veces, unas cuantas ovejas se descubren, y casi inmóviles, trepando la pendiente, parecen u n puñado más de pedruscos. El viejo monasterio de Santa María del Paular, mayestático en su sede de granito, reina sobre el valle. Fué mansión de cartujos, mandada edificar por Enrique II, el rey de las mercedes. Hoy los monjes, alma callada del antiguo edificio, no están allí. Tiempos é ideas arrojádolos lian del refugio que donó á sus almas la mas nificencia de un rev: las celdas vacías v los iardines abandonados- -un jardín ít. -í- r f tfsss. j r m t- j n